Alicia Pietri al inaugurar Museo de los Niños
Acto inaugural del Museo de los Niños, con la presencia del presidente Luis Herrera Campíns, la primera dama Betty Urdaneta de Herrera y el expresidente Rafael Caldera.

Palabras de Alicia Pietri de Caldera al inaugurar el Museo de los Niños

Alicia Pietri de Caldera, Caracas, 7 de agosto de 1982

 

Después de haber tenido seis hijos, no pensaba que habría de verme nuevamente en trance parecido, pero al nacer esta nueva criatura debo confesar que se me ha renovado la experiencia incomparable de la maternidad.

Quienes me oyen pueden imaginar la inmensa emoción y la alegría que me sacuden en este instante, al inaugurar el Museo de los Niños. Es la realización de un sueño largamente acariciado durante años de avances y de tropiezos, que se fue convirtiendo en una verdadera obsesión.

Soy acérrima defensora del derecho del niño a la recreación; pienso que este derecho es aún más perentorio en el niño pobre y que la carencia de otros bienes no ha de ser motivo para diferir, sino más bien para reclamar con urgencia, esa recreación, que ayuda a librar su espíritu de la amargura y del rencor que serían enemigos, no sólo de la sociedad, sino de su propio ser.

Gozo cuando veo a un niño disfrutando, lo mismo en un pequeño parque que en una competencia deportiva. Considero, como lo dijo un aforismo de Milton, que «la niñez muestra el ser adulto como la mañana muestra el día». Y si la diversión despierta en él la curiosidad de aprender, lo familiariza con los grandes acontecimientos del cosmos, de su propio país y de su persona; si le asoma a un mundo maravilloso, dentro del cual se encuentra o va a encontrarse sin haber tenido antes la curiosidad de investigar ni la posibilidad de conocerlo, se logra al mismo tiempo darle motivos de recreo y suscitar la inquietud del conocimiento, que le es cada día más necesaria para desenvolverse y para dominar la trama complicada del mundo moderno.

Esto es lo que fundamentalmente le ofrece el Museo de los Niños de Caracas a todos los niños de Venezuela. Y es satisfactorio proclamar que se lo muestra con tal belleza y perfección que nos hace sentir orgullo venezolano, porque está al nivel de los mejores del mundo.

Se abre ante sus ojos un fascinante espectáculo, que lo invitará a volver aquí muchas veces para familiarizarse mejor con los innumerables aspectos que le ofrece. Se le invita a palpar, a tocar, a mirar, a escuchar, a escudriñar, a jugar en forma que hace válida la sentencia de Schiller de que «profunda significación hay con frecuencia en los juegos de los niños».

Eso es, precisamente, lo que queremos: que el niño venga a distraerse, a divertirse, y que sus juegos marquen profunda significación en su vida, para amar más a su país, para entender mejor la naturaleza que lo circunda, para acercarse con confianza al extraordinario universo puesto a su alcance por la ciencia y la tecnología.

Esta iniciativa tuvo que vencer muchos obstáculos. Hace ocho años se estableció la «Fundación Museo de los Niños», y desde entonces comenzamos a tratar de abrir caminos para la obra. Se obtuvieron promesas que no fueron cumplidas; se intentaron posibilidades que no cristalizaron; hubo que enfrentar el desaliento, como hubo que enfrentar la incomprensión y falta de interés que suelen oponerse por inercia a toda iniciativa renovadora.

Es justo proclamar que Antonio López Acosta y sus compañeros del Centro Simón Bolívar abrieron camino firme a la Empresa al conceder en comodato a la Fundación el edificio del Museo y acondicionarlo en su parte arquitectónica a las necesidades y aspiraciones que le planteamos.

Debo agradecer al Gobierno Nacional, presidido por el doctor Luis Herrera Campíns, el apoyo decidido a nuestro programa, a través de diversos Despachos del Ejecutivo y entidades del sector público.

Expreso nuestro reconocimiento a numerosas empresas y personas privadas que en medida mayor o menor y cada una de acuerdo con sus inclinaciones y preferencias, contribuyeron en forma invalorable para que pudiéramos llevar a cabo muchas de las exhibiciones. Así mismo, a las Fuerzas Armadas Nacionales que nos dieron en diversas formas ayuda amplia y útil.

El Museo es obra de un equipo humano de alta calidad, que ha aportado con entusiasmo y mística una participación técnica de significación inestimable. A su cabeza, Alba Fernández de Revenga ha demostrado su reconocido talento, su amplia imaginación creativa y su decidida vocación para el planteamiento de audaces empresas: ella no ha cesado un momento de concebir, de promover, de programar. Con ella han colaborado jóvenes profesionales de diversas ramas universitarias, que han hallado en el Museo oportunidad y estímulo para poner en juego su capacidad, mediante un trabajo que, a la vez que probar su competencia, les ha ofrecido ocasión para perfeccionar sobre el terreno sus conocimientos.

Quisiera nombrarlos a todos; pero ya que no es posible en las breves palabras que me corresponde pronunciar en este acto, quiero al menos decirles que a todos y a cada uno de ellos los he seguido con cariño y admiración, al mismo tiempo que con permanente ansiedad, porque el progreso en la concepción y el montaje de las exhibiciones que presentamos en nuestros diferentes departamentos ha constituido una absorbente preocupación, motivo alternativamente de satisfacción y de angustia.

En cuanto al personal artesanal y obrero, quiero hacer constar, que mucho ha significado su eficaz y constante disposición a servir, cualidades de las que Vicente Chazán ha sido y es un verdadero símbolo.

No sería justo, sin embargo, concluir sin citar unos pocos nombres entre los muchos que comprometen mi gratitud y la de los niños venezolanos al ver construido su museo. Uno es el del arquitecto Domingo Álvarez, cuya delicada función ha sido la de proyectar y complementar la estructura material donde presentamos nuestras exhibiciones. Otro, el de Jorge Blanco, creador del grafismo, que presenta en forma fabulosa las instalaciones del Museo.

Los de Carmen Cecilia de Mayz, competente y activa ordenadora del plan económico, complicado a veces porque nuestra ambición perfeccionista tropezaba con la ineludible necesidad de procurar mayores ingresos y sanear nuestro creciente presupuesto, y de Mary Anselmi de Aldrey, mi generosa colaboradora de siempre, desinteresada, solícita y discreta en sus tareas de secretaria de la Junta Directiva de la Fundación. El de Boris Siroki, cuya capacidad y experiencia asegura el éxito de la labor que recae sobre sus hombros como Gerente, para un permanente cuidado y buena marcha del Museo. Y, pidiendo excusas por lo que tiene de desahogo personal, los de mi hija Mireya y mi yerno Fernando Araujo, quienes han cumplido tareas de importancia, sin otra recompensa que el gusto de cooperar para que este sueño se hiciera realidad.

Son muchos más los que, en justicia, debería mencionar. Nombres de benefactores que han contribuido en forma variada a la ejecución de los programas; nombres de colaboradores que, sin ningún interés personal, han tenido importantes funciones en la dirección o administración. Nombres de profesionales y técnicos que han ido cumpliendo con lujo de aciertos las tareas que se les encomendaron en los diversos departamentos.

Nombres de afamados artistas que han ofrecido contribuir con obras de su especialidad para enriquecer el Museo. Nombres de asesores y consultores, nacionales y extranjeros, que nos han ayudado con el caudal de sus conocimientos para marchar con paso firme en esta novedosa tarea; nombres, en fin, de los que a través de los medios de comunicación social han dado aliento al Museo de los Niños, se han esforzado en hacerlo conocer del país y nos han dedicado frases generosas con la afirmación de que esta obra es orgullo de Venezuela.

Portada del libro Museo de Los Niños: ciencia, arte y tecnología / Children’s museum: science, art and technology. Publicado por la editorial de la institución en 2001.

Hoy entregamos a los niños este que sabemos va a constituir uno de sus sitios preferidos, para el esparcimiento reparador y para el estímulo creador de su inteligencia.

Para los alumnos de las escuelas públicas que vengan en visitas programadas, será enteramente gratuito, a los demás nos veremos obligados a pedirles por la entrada una módica contribución, que ayudará al costoso mantenimiento y continua renovación del Museo.

Hacemos esta entrega con ilimitado amor e indestructible fe en nuestra gente. Agradecemos muy sinceramente al señor Presidente de la República el interés extraordinario que ha mostrado por nuestro Museo y el apoyo decidido que le ha prestado, y particularmente su asistencia, en unión de la Primera Dama, a este acto inaugural. Damos gracias a todos los presentes por acompañarnos en esta ocasión, trascendental para nosotros. Y reiteramos nuestra convicción de que los niños de nuestra patria, sus padres y maestros, sentirán íntegramente suyo este Museo, que les pertenece, que para ellos ha sido creado y que aspiramos los ayude en el papel de preparar las nuevas generaciones para la conquista de un porvenir siempre mejor.

Muchas gracias.

 

 

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