Debate televisado entre Rafael Caldera y Jóvito Villalba sobre elecciones separadas

Radio Caracas Televisión. 28 de febrero de 1963

Debate televisado Rafael Caldera y Jóvito Villalba, 1963.

Con justificada expectativa, toda la nación escuchó por radio o vio por TV el interesante debate que el jueves 28 de febrero de 1963 realizaron ante las cámaras y los micrófonos los doctores Rafael Caldera y Jóvito Villalba, secretarios generales de COPEI y de URD, respectivamente, sobre una materia que ha despertado el más extraordinario interés en la opinión pública venezolana: la proposición copeyana de efectuar este año elecciones separadas para Cuerpos Deliberantes y para presidente de la República.

El debate televisado y trasmitido por Radio Caracas fue, sin lugar a dudas, el evento político de mayor trascendencia que se había producido en los últimos años en el país. Por primera vez dos jefes políticos frente a frente ante el pueblo de Venezuela dirimieron en la discusión, civilizadamente, diferencias sobre cuestiones de índole política. El programa, de dos horas de duración,  tuvo, según cálculos moderados, más de un millón de televidentes en toda Venezuela.

La presentación y moderación del evento estuvo a cargo del señor Carlos Rangel, subdirector de la revista «Momento».

 Rafael Caldera:

Después de dar las gracias a Radio Caracas Televisión por haber cedido sus canales para este debate, y al amigo Carlos Rangel por su presentación, quiero agradecer especialmente al doctor Villalba el haber aceptado mi invitación para discutir ante la opinión pública y a través de la televisión el tema de las dos votaciones propuestas por el partido socialcristiano COPEI. Entiendo que este debate se va a mantener –estoy seguro de que este debate se va a mantener– en un tono de altura, como es natural, y entiendo que él contribuirá a despertar interés por el proceso electoral y a sostener en los venezolanos la idea de que las grandes cuestiones deben discutirse civilizadamente, y de que en definitiva el público es el juez, el soberano.

El doctor Villalba, cuando aceptó mi invitación, puso la condición de hablar él de último, y yo la acepté. La idea del amigo Rangel sobre la prolongación del debate por períodos de cinco minutos la hemos aceptado en principio, pero esperamos no abusar de los televidentes enredándolos en una discusión interminable; al fin y al cabo, siempre habría qué decir y qué debatir, pero debemos también tener consideración hacia quienes bondadosamente nos observan y nos escuchan.

El tema es el siguiente: Este año habrá no una, sino varias elecciones. Se va a elegir el presidente de la República. Se van elegir senadores y diputados. Se van a elegir diputados a las Asambleas Legislativas de los Estados y se van a elegir los miembros de los Concejos Municipales en toda la República. La disposición transitoria decimonona de la Constitución establecía la previsión de que una ley especial pudiera fijar un período distinto a los Concejos Municipales y a las Asambleas Legislativas. El Congreso –que ya sabemos hacia los cauces que ha derivado en los últimos años– no tuvo tiempo, o no pudo, dadas las circunstancias planteadas, dictar ninguna de las leyes orgánicas y reglamentarias de la Constitución que la misma Constitución prevé. Hay un vacío considerable a este respecto. La Constitución establece que el próximo período constitucional comienza el 2 de marzo de 1964, con la instalación de las Cámaras Legislativas, y que el presidente de la República tomará posesión dentro de los diez días siguientes; pero al mismo tiempo dice que si las leyes no han establecido nada, los Concejos Municipales y las Asambleas Legislativas de los Estados se renovarán el primero de enero de 1964. Son ramas distintas del Poder Público, pero que de acuerdo con la ordenación jurídica vigente van a renovarse todas en un mismo año.

El problema planteado es el siguiente: estas elecciones que se van a hacer –de presidente, de Congreso, senadores y diputados; de diputados a las Legislaturas Estadales y de Concejos Municipales– ¿deben celebrarse necesariamente en un mismo acto, o pueden celebrarse en actos diferentes?

Es evidente que deben todas cumplirse dentro de un proceso electoral que se inicia el presente año una vez que el Consejo Supremo Electoral designe las Juntas Principales Electorales de los Estados, del Distrito Federal y de los Territorios. Después de la designación de las Juntas Principales, de las Juntas Distritales y de las Juntas Municipales, se abre el Registro Electoral, que durará dos meses y uno más de prórroga, y luego vendrá la convocatoria a elecciones. Ahora bien: ¿esta convocatoria tiene que ser para que se realicen todas en uno solo y mismo acto, o es posible que esas votaciones, esas elecciones que se van a celebrar, se realicen en actos diferentes?

No hay ninguna disposición en la Constitución ni en la Ley Electoral que ordene que las elecciones se realicen en un mismo acto. Lo que hay es un precedente: en 1958 las elecciones se hicieron todas en un acto. El elector recibió dos tarjetas: una grande para presidente de la República y una pequeña para todos los Cuerpos Deliberantes. En esa tarjeta pequeña iba su voto por una sola lista, que incluía desde senadores, diputados al Congreso y diputados a la Legislatura, hasta miembros de Concejos Municipales. Si un grupo de ciudadanos independientes, en un Distrito cualquiera, hubiera resuelto presentar una plancha para un Concejo Municipal, estaba perdido, porque el elector no podía dar su tarjeta a ese Concejo Municipal, sacrificando al mismo tiempo su voto para senadores, para diputados al Congreso, para diputados a las Asambleas Legislativas. El elector tenía, pues, muy limitada su escogencia, y el precedente de 1958 revela, sin duda, algunas circunstancias: quitó la importancia a la elección de los Cuerpos Deliberantes, porque la atención se polarizó hacia la elección presidencial.

Esa polarización trajo como consecuencia –y ello es así en todas partes del mundo– el que muchos votantes no votaran por el partido de su predilección, sino contra un candidato cuya llegada les parecía funesta o perjudicial para el país. El elector estaba coaccionado entre límites bastante estrechos para su escogencia, y la misma votación en algunos casos sembró dudas acerca del volumen acompañado a ciertos colores, de manera que la influencia lograda sobre la opinión pública, con posterioridad, estuvo siempre asaltada por la idea de que no correspondía a una voluntad clara e inequívoca del electorado.

Nosotros hemos planteado lo siguiente: si no hay ninguna disposición constitucional ni legal que ordene que las votaciones se hagan en un mismo acto, ¿no es más conveniente para el electorado que se realicen las votaciones para Cuerpos Deliberantes en un acto, y para presidente de la República en un acto distinto? ¿Quién puede decidirlo? El Consejo Supremo Electoral. El artículo 66 de la Ley electoral dice: «El Consejo Supremo Electoral fijará la fecha para las elecciones». El artículo 85 dice: «En los casos de elecciones simultáneas –lo que admite que las elecciones puedan no ser simultáneas–, el Consejo Supremo Electoral, con 30 días de anticipación por lo menos, resolverá si la votación se realiza por medio de una sola tarjeta y una misma urna, o si se hará por tarjetas y urnas distintas». El artículo 161 dice: «El Consejo Supremo Electoral, con el voto favorable de siete de sus miembros por lo menos, podrá acordar modificaciones a cualquiera de los plazos o términos establecidos en la presente ley, cuando ello se juzgue necesario para el mejor desarrollo del presente proceso electoral, y siempre que las modificaciones no alteren la igualdad de condiciones para todos los participantes en el proceso». El artículo 34 dice: «Atribuciones del Consejo Supremo Electoral: Décima quinta. Evacuar las consultas que se le sometan sobre la aplicación o interpretación de la presente ley y resolver los casos no previstos en ella. Vigésima sexta: … las demás atribuciones señaladas por la ley y cualquiera otra en materia electoral no encomendadas a otros organismos».

Ahora bien, ¿qué pensamos nosotros que ofrece la posibilidad de una fijación de dos votaciones diferentes dentro de este mismo año y dentro de un solo proceso electoral, en relación a la ciudadanía electoral?  Pensamos: Se le da más importancia a la elección para el Congreso y para los Concejos Municipales y Legislaturas.

Cuando se separan en dos actos los hechos de escoger los cuerpos deliberantes por una parte, y el presidente por el otro, la elección presidencial no domina la elección para el Congreso, la cual toma una cierta majestad. Pero, por otra parte, desde el punto de vista práctico, se permite al elector utilizar dos tarjetas, por ejemplo: una para los cuerpos nacionales y otra para los cuerpos locales, con lo cual los partidos tendrán que ser más cuidadosos en la escogencia de sus candidatos locales que, por lo general, en todo el país no han sido mayoritariamente convenientes. Los problemas planteados en muchos Concejos Municipales y en muchas Legislaturas derivan de una escogencia muy apresurada y de la imposibilidad que tuvo el elector de fijarse bien en los candidatos que iban a estos cuerpos.

Luego, se da más flexibilidad y libertad al elector: El elector va a ejercer su derecho en una forma más cómoda. En primer lugar se le llama y va a dar su voto para Cuerpos que se eligen por representación proporcional, y luego votaría por un magistrado a quien se elige por votación mayoritaria. Para la representación proporcional, él no va a perder su voto nunca. El sabe que cuanto mayor será el electorado de una lista cualquiera, mayor será su representación en el Cuerpo de que se trate. Para los partidos pequeños, por ejemplo, ésta es la posibilidad reconocida en el mundo entero de prosperar y de desarrollarse. En cambio, la elección presidencial –en la cual no hay sitio sino para uno, porque se va a elegir un solo presidente– tiene carácter mayoritario, y el elector tiene muchas veces que abandonar su preferencia para escoger entre los candidatos el que le parece que tenga más chance y mejores condiciones relativas para el desempeño del cargo. Esto, al mismo tiempo, garantiza el que el presidente tenga de la votación, ya polarizada en la elección presidencial, un respaldo más amplio.

Hay el peligro en una primera votación de que el fraccionamiento de ella en numerosos candidatos dé por resultado la elección de un presidente con una precaria mayoría relativa, que le haga después sumamente difícil el gobierno. Mientras que esto conduce a la aclaración del panorama para que el país vote con amplio respaldo por un presidente a quien le de todo su apoyo para el ejercicio del poder, en ese período difícil que viene; y con ello no se quita a nadie ningún derecho, sino que cada uno va a ejercer su derecho con mayor libertad, a la vez que se aclara mucho el panorama después de cinco años en los cuales ha habido varios cambios en la estructura de los partidos y en la vida del país, sin que se sepa exactamente cuál ha sido su repercusión en la opinión pública. Y los candidatos pueden hacer su campaña de una vez, pero hasta treinta días antes de la elección, según el artículo 68 de la Ley Electoral, pueden revisarse las postulaciones definitivas.

Contra esta tesis se ha hecho una serie de objeciones. Voy a ver si tengo tiempo de referirme rápidamente a las principales que han sido formuladas. Naturalmente que lo haré en esta intervención en un lenguaje casi telegráfico.

Primero: «que cambia las reglas del juego». A esto respondo: no hay reglas de juego obligatorias establecidas en cuanto a que las votaciones sean todas en un mismo año. Lo demás del proceso electoral está todo establecido en la ley, y conforme a la ley tiene que realizarse.

Segundo: «que ha sido presentada extemporáneamente». No es cierto. Nuestra postura, lanzada a la opinión pública el 6 de enero de 1963, lo ha sido con varios meses de anticipación a la iniciación del proceso electoral. De manera que ha habido tiempo de debatir esto, y hay todavía tiempo de debatirlo, porque su decisión, en todo caso, no sería antes de que termine el primer semestre de 1963.

Tercero: «que es contraria al espíritu de la Constitución y a la Ley». Pues bien, yo he citado disposiciones legales a favor de mi tesis. Quisiera que se me citara alguna que concretamente vaya en contra de la tesis que hemos venido sosteniendo.

Cuarto: «que las dos votaciones perjudicarían a la economía». A este respecto, en una discusión de «Mesa redonda» anterior, el público tuvo ocasión de darse cuenta de que el representante de AVI –el grupo económico organizado más caracterizado en la actualidad– señaló que las dos votaciones no tendrían repercusión sobre la economía, y que lo que podría tenerla sería el mal desarrollo del proceso electoral. Mientras que con este sistema, el proceso electoral tendría un curso más normal. Se haría un paréntesis para la primera elección, y luego se abriría el proceso para la segunda votación.

También se ha dicho que esto aumentaría el costo del proceso electoral. He mandado a hacer cómputos por personas expertas en el Consejo Supremo Electoral y el resultado es el siguiente: lo que aumentaría el costo de la partida prevista para elecciones sería un 3,8%, es decir, menos de un veinticincoavo, representado en el aumento de sobres y de tarjetas y en la realización de algunos actos, en el pago de mesas de votación, por otra oportunidad, y de transporte y propaganda y de algunas circunstancias más.

Otro argumento opuesto es «que aumentaría la tensión política». Nuestra tesis es contraria. La tensión política puede enardecerse tanto más cuanto más confuso aparezca el primer proceso de votación, cuando el país viva la situación de una incertidumbre de un conjunto de hechos que puedan confundir el ánimo del electorado y provocar situaciones absolutamente inesperadas. Mientras que con las dos votaciones, el país esperaría trabajando y luchando el resultado de la primera votación; y ya sería entre la primera y la segunda votación cuando el ánimo político subiría a su climax, pero evidentemente a través de una serie de canales que los mismos hechos electorales plantearían.

Luego hay una serie de argumentos más, que tendremos ocasión de revisar esta noche. Algunos dicen, por ejemplo, que la doble votación favorece a COPEI. Nosotros respondemos: la doble votación favorece a todo partido que quiera un proceso claro y que tenga conciencia de que representa efectivamente un sector determinado y denso del electorado nacional. No favorece, o bien a aquellos partidos que puedan tener interés en confundir a través de maniobras previas la conciencia electoral de la República, o bien a los que teman que en una primera votación puedan mostrar suma debilidad, y al mostrar suma debilidad carezcan de influencia en la decisión final sobre postulación o elección de candidatos para la Presidencia de la República.

Y, el último argumento que voy a considerar aquí en esta breve intervención es el argumento de la abstención: «Si se decide esto, nos abstenemos de concurrir al proceso electoral». Yo entiendo que este argumento, en el fondo, es sumamente grave. El hecho de la abstención no estaría justificado por ningún respecto por la circunstancia de que el elector, en vez de poner todos sus votos un mismo día en la urna, los ponga, unos votos, es decir, para Cuerpos Deliberantes hoy, y los otros dos meses después.

Lo que entiendo es que éste es un argumento que trata de ejercer una presión psicológica para obligar a muchos, que ven la conveniencia de la tesis de las dos votaciones, a desecharla para evitar problemas.

Este tipo de presión psicológica no me parece lo más conveniente en un sistema democrático. Ello sería realmente tanto como imponer antidemocráticamente una decisión, y la democracia es debate, es discusión, es análisis.

Yo entiendo en este sentido que la venida del doctor Villalba esta noche aquí es una revisión del último argumento. El argumento abstencionista es un argumento de fuerza o de presión. La presencia del doctor Villalba es una aceptación del debate, de la discusión. Yo quisiera escuchar sus argumentos, y sobre todo quisiera que los escuche el público venezolano televidente, para que del análisis surja, como debe surgir en una democracia, el dictamen de la opinión pública.

Jóvito Villalba:

Señores televidentes, doctor Caldera. Estoy altamente agradecido a Radio Caracas por haberle dado esta noche a este programa, del cual sin duda habrá de sacar beneficio el desarrollo de nuestro proceso democrático. Y al doctor Rafael Caldera, secretario general del Partido Socialcristiano, por su invitación, aceptada por mí, y por la forma amplia como esta noche ha ejercido su papel de ponente en este debate.

Yo quiero empezar haciendo una declaración un tanto sorprendente: Yo soy en este país el más ferviente partidario del sistema de las elecciones separadas. Y si el doctor Rafael Caldera y su partido algún día o en fecha próxima propusieran ante las Cámaras Legislativas las reformas necesarias, no sólo en la ley, sino en la Constitución, para establecer este sistema de elecciones separadas, pueden todos los venezolanos tener la seguridad de que el voto de la fracción parlamentaria de URD acompañará a las proposiciones de COPEI.

Cuando leí la Constitución Nacional recién salida de las prensas, una de mis primeras reacciones contra sus disposiciones fue el que no hubiéramos establecido en ella el sistema de las elecciones separadas; el que nos hubiéramos dejado llevar, quienes integrábamos las Cámaras Legislativas, por las preocupaciones que determinaron la adopción por el Constituyente del sistema de las elecciones únicas o simultáneas. Cuando se elige de una vez al Presidente y a los Cuerpos Representativos, la elección –sobre todo la elección de los Cuerpos Representativos– trae todas estas fallas, todos estos aspectos negativos, a los cuales se refirió con tanta habilidad dialéctica el doctor Caldera.

La elección de los Cuerpos Representativos se hace apresuradamente, siempre bajo la presión o la influencia de la elección presidencial, que para todos es la más importante. Y el elector, a su vez, se siente oprimido por el prestigio o por la fuerza del tema presidencial; máxime cuando estamos en un país presidencialista de punta a punta, como es Venezuela, y la decisión del elector no tiene toda la eficacia democrática que debiera tener. Yo soy por eso partidario de las elecciones separadas. Pero, entendámonos: elecciones separadas. Y en Derecho Constitucional, en Derecho Público, en política, se entiende por elecciones separadas, elección de Presidente hoy y de los Cuerpos Representativos a mitad de período, o después de un plazo bastante largo, para poder tantear o auscultar, a través de la nueva elección, los cambios ocurridos en la opinión: elección de presidente hoy, y de la totalidad o de la mitad de los Cuerpos Representativos, a mitad de período.

Pero, lo que nos ha propuesto el partido socialcristiano no es el sistema de las elecciones separadas, se trata sencillamente de descomponer lo que tenemos. De elegir los Cuerpos Representativos hoy, y dentro de un mes o mes y medio o dos meses, al Presidente; con los mismos males, con la misma confusión inherente al sistema que tenemos, pero añadiéndole otros: los males propios del sistema de las elecciones unidas. Porque pasa con esto lo que con todo en el orden de las instituciones humanas: que todas tienen aspectos positivos y aspectos negativos. La elección de Presidente y de Cuerpos Representativos de un solo golpe tiene las desventajas que señaló el doctor Caldera. La elección por separado tiene las desventajas que hemos señalado nosotros. Algunas de ellas: se duplica la agitación, se aumentan los gastos y se hace la elección dentro del mismo clima, dentro del mismo ambiente de opinión, sin dejar tiempo para que el país se exprese posteriormente, a la mitad del período, sobre los cambios que hayan podido ocurrir, precisamente por obra de la gestión del presidente electo, tal como ocurre en los Estados Unidos. En los Estados Unidos se elige al Presidente y a la mitad del período se elige a la mitad de los Cuerpos Representativos, y como resultado de esto muchas veces, el partido del Presidente, o casi siempre, pierde la elección que ocurre en la mitad del período, porque en esa oportunidad se expresan adversamente, en contra del Poder Ejecutivo, las reacciones que han ocurrido en la opinión por la gestión del Presidente.

Ahora, todo lo malo de los dos sistemas se acumula dentro de la proposición del partido socialcristiano COPEI, que no es ni elecciones separadas ni elecciones simultáneas. Y se acumula porque son elecciones separadas por un espacio de un mes, de mes y medio o de dos meses, es decir, que todo va a ser dentro de una misma onda, en una marejada y agitación política dentro de la cual ni el elector ni los partidos podrán tener esa frialdad, esa serenidad de que el doctor Caldera habló para escoger al Presidente o a los Cuerpos Representativos.

Ahora bien, nosotros estamos dispuestos a apoyar una gestión del partido COPEI en el sentido de mejorar el régimen electoral de nuestro país. Y no sólo dentro de las reformas propuestas por el partido COPEI, también estamos dispuestos a hacer una reforma para liberar hasta donde fuera posible al elector de la opresión o de las limitaciones que sobre su ánimo impone el sistema de listas.

Por ejemplo, estaríamos dispuestos a elegir la Cámara de Diputados por jurisdicciones unipersonales, lo cual suprimiría la lista y permitiría que el elector escogiera, no ya por listas, sino individualmente, al representante; y estaríamos dispuestos a estudiar la misma reforma con respecto a los Concejos Municipales. Pero éstas son cosas para llevarlas al Congreso con tiempo, para hacerlas por las vías establecidas por la Constitución, y no a través de una proposición sorpresiva, como la que hace el partido COPEI cuando ya hemos entrado en el año de elecciones, cuando ya algunos partidos están actuando abiertamente en el terreno electoral, cuando ya se ha empezado a hablar de candidaturas y cuando no puede llevarse a cabo la reforma propuesta por la vía legislativa.

El doctor Rafael Caldera ha dicho que no existe dentro de la legislación actual de Venezuela nada que se oponga a la reforma por ellos propuesta. Yo sostengo el criterio completamente contrario. La Ley Electoral de 1959, copiada del Estatuto Electoral del 58, representa, junto con su antecedente, una reacción frente a lo que fue la Ley Electoral del 47, promulgada por la Asamblea Constituyente y según la cual se eligió al Presidente Gallegos. En aquella Ley del 47 sí estaba claramente establecida la posibilidad de las elecciones separadas, mientras que la Ley Electoral del 59 y la del 58 pasan al extremo opuesto y rechazan en su letra elecciones separadas.

Voy a referirme a algunos artículos de la Ley Electoral, para que se vea claramente las razones que asisten en lo que afirmo. En primer término, se suprimieron en la Ley Electoral vigente los artículos 36, 50, 56 y 57, relativos a la revisión del Censo Electoral. Y éstas son medidas o reglas imprescindibles dentro de un sistema de elecciones separadas. ¿Por qué son imprescindibles? Porque cuando se van a celebrar dos elecciones separadas habría que incorporar a aquellos venezolanos que han cumplido la edad electoral después de la primera elección, porque si no se les estaría negando el derecho al voto a venezolanos que según la Constitución tienen el derecho a ejercerlo, y eso colocaría en la base de la elección una causal de nulidad, que a su vez sería un elemento muy amenazante para la paz del país y para la estabilidad del futuro Gobierno.

En segundo lugar, el artículo 35 de la Ley Electoral dice que el Consejo Supremo Electoral fijará «la fecha» de las elecciones, no «las fechas» de las elecciones. Dice la fecha de las elecciones. Y en igual forma estaba redactada esta disposición en la Ley del 47. Pero la Ley del 47 decía: «fijará las fechas, las fechas de las respectivas votaciones, añadiéndole la palabra respectivas; lo que quiere decir una fecha para cada votación, dentro de un sistema de elecciones separadas. Luego, en el artículo 89 de la Ley Electoral se habla del acto de la votación, y se dice que al entrar el votante a la sala de la mesa electoral se le entregarán todos los juegos de tarjetas correspondientes a las candidaturas aceptadas, y que luego el elector se retirará a un sitio secreto y allí depositará en el sobre las tarjetas de su preferencia. Es decir, que mientras en la Ley de 1958 se habla de las tarjetas, en el Estatuto Electoral del 47 se decía la tarjeta de su preferencia para elecciones separadas, y aquí, en la Ley del 59, las tarjetas de su preferencia.

Pero hay algo más grave todavía, doctor Caldera. En el artículo relativo al escrutinio, que es el artículo 100, se dice que la mesa electoral sellará los sobres, luego los abrirá, sellará las tarjetas y clasificará las tarjetas por su color y por su tamaño, lo cual es sumamente importante, porque en las elecciones que se han celebrado en Venezuela para Presidente y para Cuerpos Representativos, siempre se ha asignado distintos tamaños en las tarjetas para la elección de Presidente y de Cuerpos Representativos. Y en la Ley del 47, que sí establecía el sistema de las elecciones separadas, se dice que las tarjetas, una vez rotos los sobres, se clasificarán de acuerdo con el color o con los distintos colores, sin hacer alusión al tamaño.

Luego, está claro, meridianamente claro, que la Ley Electoral del 59, la del 58, escogió el sistema de las elecciones simultáneas y representa en ese sentido una negación sobre lo que fue su modelo, o su precedente legislativo, que es la Ley del 47.

Pero hay algo muy importante sobre eso y es lo siguiente: ¿Quiénes han sostenido éstos? ¿De dónde derivo yo la conclusión de que el régimen electoral establecido por la Ley del 58 y del 59 es el de elecciones simultáneas? Primero, de la experiencia del 58. Es evidente que todo el país, y el doctor Rafael Caldera en forma prominente como candidato presidencial y como líder de uno de los partidos que concurrieron a la elección, interpretaron que la Ley Electoral del 58, que es, que era casi idéntica a la del 59, acordaba el sistema de elecciones simultáneas. Y, en segundo lugar, el Consejo Supremo Electoral, en una decisión tomada en mayo del 62 para responder a la proposición de la Asamblea Legislativa del Estado Bolívar para la celebración de elecciones en el nuevo Distrito del Caroní, declaró (voy a leer):

«que resulta a todas luces indudable que tanto la Constitución Nacional como la Ley Electoral tienden a lograr que en cada período constitucional haya solo un proceso electoral de carácter general nacional». Esto dijo el Consejo Supremo Electoral en 1962. Luego añade, debe ser también considerado que esa tendencia a unificar el período constitucional, a ser uno solo con carácter nacional, estadal y municipal, busca también impedir elecciones intermedias o parciales. Pero, es más, más importante todavía que todo esto por tratarse precisamente del ponente, de mi contendor esta noche, el propio doctor Rafael Caldera, al anunciar la proposición de COPEI, el 6 de enero, dijo a la prensa lo siguiente: «Cuando se hicieron las reformas a la Ley Electoral (es decir, en el 59 y siendo presidente de la Cámara de Diputados el doctor Rafael Caldera) se respetó el espíritu que había privado anteriormente, y esto quizá fue un error, sobre todo si se consideran los casos surgidos en estos cinco años, cuando se ha dividido un partido y los dos grupos se disputan la tarjeta electoral que tuvieron entonces. Igual caso ocurre en el seno de las legislaturas». Es decir, que el propio doctor Rafael Caldera ha declarado a la prensa, en el momento de hacer la proposición en nombre del Partido Socialcristiano, que la reforma legislativa electoral del 59, en la cual él jugó un papel prominente como vicepresidente del Congreso y como presidente de la Cámara de Diputados, respetó  el espíritu que había privado anteriormente, y se estaba justamente refiriendo al problema de la simultaneidad o de la doble elección.

El doctor Caldera citó las atribuciones del Consejo Supremo Electoral. En esto hay también cosas muy interesantes que decirle al doctor Rafael Caldera, y es lo siguiente: el Estatuto Electoral del 47 tenía una disposición, la del número 136, en que decía que «lo no previsto en las disposiciones de la presente ley será resuelto por el Consejo Supremo Electoral». Y esa disposición fue suprimida en la ley del 58 y del 59, lo cual demuestra que se quiso dejar el problema de fondo respecto al proceso electoral en manos del legislador.

Por esta razón, doctor Caldera, nosotros, y lamento profundamente tener que decirlo, no nos explicamos la proposición de COPEI sino a través de móviles políticos. Para nosotros es evidente, y me perdona que se lo diga con toda franqueza, para nosotros es evidente que lo que ha movido a COPEI al hacer esta propuesta no son las razones que usted ha expuesto con mucha gallardía e inteligencia esta noche –sobre el elector, sobre la necesidad de proteger al elector, de favorecer su decisión, etc., etc., de ayudar al país a salir avante en esta prueba democrática, en una forma todavía más certera y justa–, sino preocupaciones de tipo político, a las cuales tendré que referirme en las sucesivas intervenciones esta noche.

Nosotros tenemos la impresión de que el partido COPEI, socio de la coalición de gobierno, confronta en estos momentos una situación política muy difícil con respecto al problema de la candidatura presidencial. Y esa posición difícil proviene del hecho de que su socio dentro de la coalición está resuelto a seguir adelante con una candidatura de partido y le niega al partido COPEI algo a que el partido COPEI tendría derecho a pretender: el que la candidatura de la coalición sea una candidatura copeyana o una candidatura independiente. Aunque ese problema, que es muy serio para el partido COPEI, yo lo defiendo, porque el partido COPEI durante cuatro años ha llevado también sobre sus hombros el peso de la Administración y es responsable de la política de este Gobierno; ante esa situación, el partido COPEI, buscando abrirle solución a sus propios problemas, plantea la fórmula de la doble elección, por el deseo de tantear la opinión, de tantear las fuerzas políticas que van a discutir en la elección presidencial antes de resolver el problema de las candidaturas.

 

Jóvito Villalba y Rafael Caldera.

Rafael Caldera:

A mí me ha agradado extraordinariamente la intervención del Dr. Villalba, porque la primera parte de la misma ha sido la mejor defensa que se ha podido oír en labios insospechables en relación a la posición de COPEI. Si el Dr. Villalba dice que él es el más ferviente partidario que hay en Venezuela de las elecciones separadas, tenemos que llegar por lo menos a una conclusión, que creo que el Dr. Villalba no me va a echar hacia atrás en su próxima intervención: la de que esto no es una vagabundería. Y esto es sumamente interesante, porque los planteamientos del partido URD en la áspera polémica que ha habido al respecto se han fundamentado en la idea de que COPEI ha planteado una cosa tenebrosa. Si es una cosa en sustancia buena, que el Dr. Villalba es el más ferviente partidario de ella en Venezuela, y si hay una cuestión de tecnicismos, de si en realidad hay una interpretación legal o no y de si hay en realidad o no razones políticas para que la tesis se plantee, viene a ser una cuestión que palidece ante el hecho reconocido ante el público televidente por mi estimado amigo el Dr. Jóvito Villalba, de que lo que nosotros planteamos no es nada malo, no es nada perverso, no es nada inconveniente, sino al contrario: tan bueno, tan conveniente para el país, que el Dr. Villalba es su más firme partidario. Solamente que él cree que para establecerlo se necesita una reforma legal, y nosotros no; pero ya, como decía, ésta es una cuestión técnica, no es una cuestión ética.

En este sentido, verdaderamente, pues, no sé cómo agradecerle al Dr. Villalba toda la primera parte de su intervención. Ahora, naturalmente, en la intervención del Dr. Villalba encuentro un cierto equívoco que es necesario esclarecer: él lleva la idea de elecciones separadas hasta la idea de no coincidencia de los períodos Ejecutivo y Legislativo. Es decir, lo que ocurre en algunos países donde el Senado dura, por ejemplo, seis años y se renueva por mitad cada tres años; las Cámaras duran, por ejemplo, cuatro años, y se renuevan por mitad cada dos años; y entonces se van realizando elecciones distintas, porque los períodos constitucionales asignados a los Cuerpos son períodos diferentes. Para eso sí se necesita no solamente una reforma legal sino una reforma constitucional.

Quizás a lo mejor está asomando en el horizonte la enmienda constitucional número uno. Afortunadamente, nosotros, para que la Constitución del 61 tuviera asegurada una vida más o menos estable, abrimos el sistema de añadirle enmiendas numeradas, como hacen los americanos, para que el día en que surja una cuestión de esta naturaleza no sea necesario cambiar la Constitución por una nueva, sino dejar la misma Constitución y ponerle una enmienda numerada.

Pero, naturalmente, nosotros sabemos que la elección en distintos períodos no es algo que pueda depender de la intervención de la Ley Electoral vigente, ni siquiera de una nueva reforma de la Ley Electoral vigente; que es simplemente una cuestión que tendría que resolverse a través del cambio constitucional.

Ahora, el Dr. Villalba dice que nuestra fórmula conserva la misma confusión, los mismos males, que tiene todos los males de los dos sistemas. Entre los males que enumera, algunos anteriormente los refuté: que hay doble agitación, que hay más gastos y que hay el mismo ambiente de opinión es parcialmente cierto, pero es un ambiente modificado por los resultados de la votación para los Cuerpos Deliberantes; hay una evaluación más justa que permite al elector, que al principio está perdido ante una serie de candidaturas presidenciales, el poder orientar su preferencia hacia las candidaturas presidenciales que le parecen al mismo tiempo más convenientes y más viables, es decir, que puedan representar este doble factor, de modo que el ambiente de opinión se modifica.

En cuanto a los gastos, ya lo he dicho, no llega a un veinticincoavo lo que se aumentaría el presupuesto del Consejo Supremo Electoral en el presente año. Y en cuanto a lo de la doble agitación, en realidad no es esto: este año va a ser un año electoral y las elecciones van a concluir a fines de año con una o dos votaciones. Si se adopta la fórmula de las dos votaciones podríamos tener votaciones, por ejemplo, en octubre para el Congreso, y en diciembre para la Presidencia de la República. Todo este tiempo vamos a elegir candidatos e incluso los candidatos presidenciales van a hacer sus campañas.

La ley no es un requisito para que las candidaturas presidenciales se anuncien. La candidatura presidencial del Dr. Villalba está anunciada desde hace varios meses y ha sido presentada, y el proceso de propaganda se ha realizado en casi todo el país, aún antes de que el proceso electoral se haya iniciado. Porque formalmente otra cosa es el registro de candidaturas, que es el hecho definitivo que va a orientar al elector: el elector va a saber quiénes son los candidatos presidenciales cuando se inscriban ya definitiva y formalmente y el Consejo Supremo Electoral diga, «éstos son». Pero, mientras tanto no hay ningún inconveniente de que haya uno, dos, cinco, diez candidatos que vayan lanzándose al electorado, buscando su acogida, presentándose ante él, para que en definitiva vengan a quedar las candidaturas que efectivamente logren demostrar que tienen una fuerza de opinión básica.

Yo no estoy de acuerdo, pues, con la tesis de que el sistema que nosotros proponemos tiene los defectos de las dos votaciones, sin sus ventajas. No es, desde luego, una reforma, ni estamos haciendo una gestión para una reforma a fondo del sistema electoral. Esto es una materia que podrá discutirse y que deberá discutirse. El sistema de que cada diputado vaya por un Distrito puede ser un sistema deseable, el problema es cómo conciliarlo con el principio de la representación proporcional establecido en la Constitución vigente. Pero, desde luego, son cosas que no se podrían hacer en este momento.

Pero yo no puedo aceptar que se califique de sorpresiva una proposición hecha el 6 de enero, cuando el proceso electoral no se ha iniciado oficialmente, cuando esto no va a modificar toda la tramitación de la propaganda que se está realizando, sino que solamente va a establecer el que el elector, en vez de ser llamado un solo día a poner todo su voto en un mismo momento, sea llamado en dos días distintos para votar, primero por unos cuerpos deliberantes y después por el presidente de la República.

El Dr. Villalba ha buscado citar algunas disposiciones legales, y cuando las leía observaba la ley vigente y me daba cuenta de que el razonamiento, por querer acomodarlo, resulta un poco frágil. Se trata de establecer un contraste entre el sistema electoral del 47 y el sistema electoral del 58 y del 59. En realidad, en el del 47 se permitía que las elecciones municipales fueran separadas y realmente lo fueron. Pero, para observar hasta dónde llega en esa materia de tecnicismo, el querer interpretar demasiado un singular o un plural de una palabra, el Dr. Villalba nos decía que el artículo 100 de la ley electoral actual, cuando habla del escrutinio indica que «se separarán las tarjetas por el color y por el tamaño», y que en cambio, la ley del 47 decía exclusivamente el color y no decía tamaño. Ahora bien, en las elecciones de 1947, hechas conforme a esa ley, Dr. Villalba, se hicieron las elecciones con tarjetas de dos tamaños. En las elecciones de 1947 hubo la tarjeta grande para la Presidencia de la República y la tarjeta pequeña para los Cuerpos Deliberantes; y el hecho es que la ley dijera que «se separan por color» y no por tamaño no indicó que no se hiciera la votación por tamaño; luego, la supresión o la omisión de esta palabra no significa nada.

En cambio, dentro del mismo estilo de la ley actual, yo he citado el artículo 85, que dice que en los casos de elecciones simultáneas el Consejo Supremo Electoral, con 33 días de anticipación por lo menos, resolverá si la votación se realiza por medio de una sola tarjeta y en una misma urna, o si se hará «por tarjetas y urnas distintas». De manera que aún hoy existe la disposición expresa de que el legislador deja al Consejo Supremo Electoral decidir que todo se haga con una sola tarjeta, lo que resultaría eminentemente incómodo, o que se haga por tarjetas y urnas distintas.

El Consejo Supremo Electoral puede decidir que no sean una tarjeta grande y una pequeña, sino que sean tres o cuatro o cinco tarjetas; puede cambiar la forma de las tarjetas; puede hacer una cuadrada y una redonda –aunque la tarjeta redonda ya sabemos que tiene una historia muy triste y muy trágica en este país– , pero el Consejo Supremo Electoral tiene una inmensa amplitud al respecto y dentro de la ley se conserva la atribución del Consejo Supremo Electoral que dice: «evacuar las consultas que se le sometan sobre la aplicación o interpretación de la presente ley y resolver los casos no previstos en ella». Justamente, la misma disposición que decía el doctor Villalba que ha sido eliminada. Antes decía en disposición aparte: «resolver los casos no previstos en esta ley»; ahora dice (dentro de la atribución 15 del artículo 34 –le ruego consultarla en su ejemplar de la ley, si la tiene a la mano–): «evacuar las consultas que se le sometan sobre la interpretación o aplicación de la presente ley, y resolver los casos no previstos en ella». Exactamente la misma disposición.

Ahora, en cuanto a la opinión del Consejo Supremo Electoral sobre el asunto del Distrito Caroní, yo tengo el informe ante mi vista, ¿y qué dice el informe?, lo que leyó el Dr. Villalba, que de acuerdo con la Ley Electoral y la Constitución actual, se tiende a lograr que en cada período constitucional haya un solo proceso electoral de carácter general. En esto estamos de acuerdo. Va a haber un solo proceso electoral. Y no hay revisión del censo electoral porque es un solo proceso. Si hubiese elecciones dentro de dos años, entonces tendría que haber revisión del censo electoral. Nosotros no estamos poniendo un proceso electoral distinto. No sería compatible con la Constitución ni con la Ley.

Ahora, este concepto de la Comisión de Legislación Electoral del Consejo Supremo Electoral, según entiendo, fue redactado por mi compañero de partido, el Dr. Enrique Pérez Olivares, quien fue precisamente el primero que estudió conmigo hace ya largos meses el problema de las elecciones separadas. Doy esta referencia, digamos personal o anecdótica, para hacer ver que justamente no tiene nada ver el criterio expuesto en el caso del Distrito Caroní, que sí sostiene que sea un solo proceso electoral, con la tesis de que las votaciones dentro del mismo proceso electoral, puedan ser en oportunidades distintas.

Hay algunas personas que dicen que podrían ser en dos días sucesivos. Y en Francia se eligen diputados esta semana, y la semana siguiente se va a la segunda elección para confirmar o no, de acuerdo con el sistema electoral establecido, las elecciones ya hechas. El doctor Villalba, en su reciente intervención, entró en un tema político sumamente interesante. Claro que ese tema político merece un análisis más largo, y no unas frasecitas de corrida. De modo que voy a esperar que él lo desarrolle mejor para tener el gusto de contestárselo después. Ahora bien, desde luego que nosotros somos un partido político y el que tengamos móviles políticos lo considero perfectamente lícito. Cuando nosotros constituimos el partido político lo constituimos en virtud de principios, de ideales, de doctrina, pero a conciencia de que entrábamos en la lucha política.

No estamos en una cruzada de buena voluntad simplemente. Nosotros consideramos la doble votación políticamente conveniente para el país; la consideramos políticamente conveniente para nuestro partido; y la consideramos políticamente conveniente para cualquier partido que tenga la conciencia de su fuerza electoral y que no quiera valerse de una determinada situación para arrastrar y obligar a otros grupos políticos a apoyar determinada candidatura, con la misma circunstancia de que no ha habido la ocasión de contar los votos. Argumentos políticos, pues, los hay en un sentido y los hay en otro, y nosotros consideramos desde luego que esta tesis favorece a COPEI. ¿Por qué favorece a COPEI? Porque nosotros creemos que COPEI ha crecido. Nosotros creemos que el resultado electoral de la primera votación ofrecerá ante la opinión pública, que va a dar su voto con entera lealtad por las planchas que considere mejores, un vigoroso crecimiento de nuestro Partido, y que esto nos dará en definitiva para el momento de la elección presidencial (sin sacrificar los intereses del país y sin aparecer como unos señores que están maniobrando a base de egoísmos), nos dará un derecho muy importante de influir en la escogencia del candidato presidencial, tanto mayor cuanto mayor sea nuestra votación. Si no sacamos nada, entonces quiere decir que estábamos engañados. Nosotros estamos dispuestos a hacer la prueba. Hubo un articulista político que dijo que nosotros queríamos hacerle la radiografía a los partidos con esa primera votación. Acepto la afirmación: estamos dispuestos a hacerle la radiografía a los otros partidos y que se nos haga a nosotros, y que el elector no vaya a confundir, a decir, «yo votaría por tal grupo, pero resulta que puede salir fulano de tal y entonces voto por otro», y vaya a dar una votación confusa, sino que se deje llevar más bien por su sentimiento, votando por la plancha que considere mejor y después escoja entre los candidatos presidenciales que se les presenten.

Debate Rafael Caldera-Jóvito Villalba, moderado por Carlos Rangel en RCTV.
El debate entre Caldera y Villalba, moderado por Carlos Rangel, fue presentado por Radio Caracas Televisión el 28 de febrero de 1963.

Jóvito Villalba:

Dr. Caldera: ha dicho usted esta noche cosas muy interesantes y que vienen justamente a corroborar lo que hemos pensado en el seno de diferentes fuerzas políticas y muchos sectores de la opinión independiente, a propósito de la tesis copeyana. Ustedes un día visitaron nuestra casa para hablarnos de esta proposición, y nosotros recibimos a la delegación presidida por mi dilecto amigo Lorenzo Fernández, con los brazos abiertos, y les dijimos: «Estamos dispuestos a estudiar la proposición copeyana y a dar nuestra opinión sobre ella en la forma más sincera».

A los pocos días dijimos que no estábamos de acuerdo con esto. Y en igual sentido se pronunciaron Acción Democrática-ARS, el MRP y numerosas voces independientes. Y sobre estas respuestas usted dijo que una mayoría del Consejo Supremo Electoral podría, en contra de la opinión de la oposición, acordar la celebración de elecciones separadas, como COPEI lo ha planteado. Ya eso cambió completamente la situación. COPEI aparece como un partido que por razones políticas quiere cambiar las reglas del juego, en contra de la opinión de la otra parte. Porque, dentro del Consejo Supremo Electoral puede haber once, doce, quince votos, pero en realidad en las elecciones hay dos partes, la oposición y el gobierno. La oposición no quiere que se cambien las reglas del juego y ustedes pretenden cambiar las reglas del juego en contra del criterio de la oposición. Ahora, no somos nosotros los que hemos salido a reformar el status-quo, la situación existente, los que hemos irrumpido contra la práctica del 58, contra lo que fue el espíritu de la reforma del 59 y de toda la Ley y de la Constitución. No. Son ustedes. De modo que no se puede decir que la actitud de nosotros se debe a que tenemos desconfianza de que se nos cuente nuestra fuerza. Nosotros estamos tranquilamente dentro de la Ley y de la Constitución, hablándole al pueblo de Venezuela, y hace seis meses, cuando Venezuela estaba envuelta en una llama de violencia, dimos un paso al frente, a dar un ejemplo de civismo, una lección democrática al país. ¿Y cuál ha sido el resultado de todo esto?, que el pueblo ha respondido a nuestro llamamiento en una forma susceptible de inflar las velas del optimismo urredista en una forma extraordinaria.

De modo que a nosotros nos tiene sin cuidado que se haga la reforma de las elecciones separadas, o que se haga una elección primero u otra después. Nosotros estamos en la calle al lado del pueblo, y tenemos la seguridad de que el pueblo nos acompaña, porque durante cuatro años hemos hecho una política justa, de oposición democrática a este Gobierno, del cual forma parte COPEI, que no ha sabido responder a las aspiraciones de los venezolanos, no ha sabido llevar al país un clima de paz, de seguridad y de confianza. Y, sobre todo, no ha sabido ir al encuentro de la durísima situación de hambre, de desempleo y de miseria que confronta el pueblo de Venezuela. De modo que nosotros no tenemos nada que temer.

Ahora, nosotros nos oponemos a esto, porque como partido democrático, amigo del juego limpio y del respeto a las instituciones, no podemos aceptar que se pretenda que el Consejo Supremo Electoral usurpe atribuciones que no le da la Ley, porque en ninguna parte de esta Ley se dice que el Consejo Supremo Electoral puede tomar decisión sobre si las elecciones son simultáneas o separadas. En ninguna parte. Y en numerosos artículos de la Ley se ve claro –como lo ha declarado usted mismo frente a la prensa– que la Ley conservó el espíritu de lo que anteriormente se hacía, es decir, de lo que se practicó en el 58.

Por esta razón nosotros nos oponemos a la proposición copeyana. La proposición copeyana, tras de reformar las reglas del juego, en momentos en que ya el juego está para empezar, y cuando una de las partes se ha manifestado categóricamente en contra de esa reforma. Ahora, esto sería muy grave, Dr. Caldera, sería muy grave, porque se opone a los antecedentes de las experiencias anteriores de la Nación, del propio espíritu de la Ley Electoral y de la Constitución, y está oponiéndose al querer de la oposición que dice: «no queremos el cambio a estas horas, porque ese cambio debe ser hecho por la vía legislativa, respetando la Constitución y la Ley».

Esto es muy grave, porque estas elecciones significan en el desarrollo democrático de Venezuela un paso hacia delante. Yo muchas veces he dicho que el hecho de que el Presidente Betancourt termine su período es algo muy importante para nuestro país, que el primer presidente electo le entregue al nuevo presidente electo, después de terminar su período. Lo más importante es que las nuevas elecciones, que la trasmisión ocurra en un ambiente que garantice la estabilidad de las instituciones democráticas. Porque no es para elegir un presidente y para que un solo presidente gobierne, para lo que los venezolanos nos hemos empeñado en estas luchas democráticas. Al país le interesa que todo esto se convierta en un régimen, en una situación estable, y para eso es necesario que no coloquemos en la base de estas elecciones un elemento de duda, de confusión, de sorpresa, como sería el aprobar esta proposición en contra del querer de la oposición, de una de las partes, en contra de la Ley y de la Constitución vigente.

Se habla mucho en estos días de la paz nacional. Muchos venezolanos hemos levantado la voz para pedir el cese de la violencia. Para pedir que el Gobierno, que grupos de la oposición, que todos nos avengamos a una línea de conducta dentro de la cual podamos convivir y la democracia se pueda desarrollar, se pueda mantener en pie y el país pueda progresar económicamente, y el pueblo pueda liberarse de las duras condiciones de desempleo y de hambre que hoy pasa. Yo creo que sería un mal camino el coger por éste, pues, de las decisiones sorprendentes y unilaterales dentro del juego electoral, en el cual todo se debe hacer mediante el acuerdo unánime de las partes. Si aquí, por ejemplo, se planteara el llenar el Consejo Supremo Electoral de una mayoría adicta a la oposición, para darle porque sí el color blanco a Acción Democrática-ARS y negarle completamente a la «vieja guardia» su aspiración a tener ese color, nosotros estaríamos contra esa decisión, porque nosotros creemos que el problema del color entre los dos grupos en que se ha dividido Acción Democrática debe ser resuelto en forma equitativa, justa, serena, patriótica, y por eso hemos aplaudido desde el primer momento la actitud humilde, digamos así, del Dr. Ramos Giménez, que desde el primer momento aceptó que se le diera el color a los dos grupos en condiciones de igualdad. Y hemos estado en contra de la «vieja guardia» que quiere el color para ella, sin distintivo, y para el ARS con distintivo, o el color solamente para ella. Y así estaríamos contra todo el que pretendiera decir que por esta causa no se le debe dar el color a ninguno de los dos, porque el pueblo de Acción Democrática –el de la «vieja guardia» como el del ARS– tienen derecho a su color.

Así mismo respecto a este problema que plantea el partido COPEI: los urredistas queremos una solución patriótica, respetuosa de la Ley, respetuosa de la Constitución, y no una cosa traída por las greñas sorpresivamente, o impuesta por medio de una mayoría en el seno del Consejo Supremo Electoral, importando o no al nuevo miembro del Consejo Supremo Electoral. Y quiero dejar constancia de que tengo completa confianza en la honorabilidad y en la sinceridad democrática de los independientes que constituyen hoy el Consejo Supremo Electoral.

Ahora, por esto, hay que caer inevitablemente en el tema político. Porque usted nos dijo hace rato que a COPEI le interesan las elecciones separadas. Eso está en el interés de COPEI. Muy bien. Y yo creo, tengo la impresión, y así lo tienen muchos de los que militan en las diferentes toldas políticas, que esta proposición copeyana ha estado determinada principalmente por consideraciones electorales. El partido COPEI tiene una situación difícil respecto a la candidatura presidencial y eso nace de este hecho: durante cuatro años ha compartido responsabilidades de gobierno con el partido Acción Democrática «vieja guardia», y a la hora de elegir presidente se le dice que el candidato no puede ser copeyano ni independiente. Entonces a COPEI le quedan estos dos caminos: o lanza un candidato propio o apoya un candidato independiente –con todas las desventajas que tiene hacerlo después de haber estado cuatro años en el Gobierno–, o apoya al candidato de la «vieja guardia» de Acción Democrática.

Pero, para COPEI tiene que ser muy difícil apoyar ese candidato de la «vieja guardia», sobre la base de que hay una desigualdad entre los dos socios de la coalición. Y aquí no tenemos una coalición como la de Colombia, en la cual el Partido Conservador alterna en el poder con el Partido Liberal. Eso tiene que ser para el Dr. Caldera un problema sumamente grave, sumamente difícil. Pero, ¿por qué el país tiene que pagar los platos rotos de estos políticos? ¿Por qué tenemos nosotros los partidos, los grupos de la oposición, que ser las víctimas de esta reforma sorpresiva? ¿Por qué vamos a dañar la fe del pueblo en el proceso electoral, cambiando las reglas del juego en contra de la opinión de la oposición? Eso es absolutamente inconcebible. Está muy bien: el Partido COPEI tiene problemas y debe resolverlos con sus propios medios. Yo tengo gran respeto por el Partido COPEI, reconozco completamente que tiene derecho pero, ¿por qué lo va a gestionar a través de un cambio en las reglas del juego electoral, en el cual pueden sufrir daños otros grupos políticos, otras agrupaciones políticas?

Y quien menos tiene que sufrir en esto  es URD, por las razones que le di, a pesar de que el Dr. Caldera ha insistido mucho en que ciertos partidos temen que se cuenten sus fuerzas antes de la campaña presidencial. Yo quiero decirle al Dr. Caldera que eso no tiene nada que ver con URD. Lo que pasa es que los escritores de COPEI, de tanto inventar cosas para su propia propaganda, acaban por creerla, de tanto repetirla. Han inventado hasta la saciedad que URD obtuvo los votos que tuvo en el 58 porque fue agarrada a la cola del Almirante Larrazábal, como creen también que el 52 nosotros barrimos aquí con todo el mundo porque la gente de Acción Democrática dio la orden de votar a favor de nosotros, cuando es todo lo contrario. Yo fui por tres veces, me humillé, le rogué a Leonardo Ruiz Pineda que diera la orden de votar por nosotros y me dijo: «es absolutamente imposible». Y después, un alto dirigente de Acción Democrática en el exilio me ha contado que cuando se planteó el problema en la Dirección en el exterior de Acción Democrática, él fue el único que sostuvo que se nos apoyara a nosotros, y que predominó la tesis abstencionista. Y, sin embargo, URD barrió. Y en el año 58 el prestigio de Larrazábal se vio en la diferencia que había entre los votos de Larrazábal y los nuestros, pero la verdad es que Larrazábal, por el modo como llevó la campaña, por su retardo en salir a la campaña y por otras razones más que no vienen al cuento, nos restó votos en otras regiones del país.

Además, URD es una fuerza que se ha desarrollado extraordinariamente, Dr. Caldera. Yo tengo cuatro años montando cerros en el interior de Venezuela, en los barrios, en todas las ciudades de Venezuela y URD, que no estaba organizada para el 58 en el 60% de los municipios de Venezuela, cubre el 90% de los municipios, llegando a todos los caseríos. De modo que nosotros no tenemos nada que temer y, además, nos alienta el gran prestigio que nuestra política de consecuencia hacia las masas populares de Venezuela –política nacionalista y democrática– ha adquirido en estos momentos frente a la política de este gobierno: un gobierno que no ha sabido crear empleo para los cientos de miles de venezolanos que todos los años tocan las puertas del mercado de trabajo; que no ha sabido resolver el problema del desempleo; que no ha sabido hacer una verdadera reforma agraria; y que no ha respetado las instituciones democráticas, porque casi siempre ha gobernado con las garantías suspendidas. Aquí no tenemos autonomía municipal, no tenemos un poder judicial independiente, y ya sabemos lo que pasa con las legislaturas cuando se le enfrentan a los gobernadores.

Caldera y Jóvito compartiendo antes del debate televisado.

Rafael Caldera:

Yo encuentro una contradicción substancial en la actitud del Dr. Villalba. Por una parte nos dice que las elecciones separadas son una cosa muy buena. Por la otra dice que a URD le tiene sin cuidado que se hagan separadas, que URD ha crecido mucho, y que no teme que la cuenten. Y por otro lado dice que establecer las elecciones separadas sería gravísimo en el país, sería una cosa espantosa, sería sembrar una duda sobre las elecciones.

Yo no sé cómo se siembra así una duda, porque el pueblo va a votar. No entiendo pues, cómo se va a sembrar una duda al respecto. ¿Que la proposición es sorpresiva? Sería sorpresiva si en el momento de convocar para las elecciones en junio, saliera el Consejo Supremo Electoral diciendo: «Votaciones separadas»; pero planteada por un partido el 6 de enero, para que esté seis meses debatiéndose en el país, para que podamos realizar estos debates, para que podamos traer los argumentos legales, jurídicos, para que podamos plantear las cosas, no sé cómo se puede llamar sorpresiva.

Debo recordar que en el Consejo Electoral actual hay dos representantes de COPEI, uno de AD-Vieja guardia, dos de URD, dos del Partido Comunista, uno de AD-ARS, y que si se sumara el señor Gumersindo Rodríguez a los representantes de la coalición, serían cuatro de la coalición de Gobierno contra cinco de oposición; y que hay cuatro ciudadanos independientes que fueron electos por unanimidad y contra los cuales no se ha atrevido ninguno de los grupos de la oposición a lanzar una sombra de duda. De modo que no estoy pretendiendo que una mayoría gubernamental, afecta o manejada por el Gobierno, dictamine una cosa, sino la mayoría de un Cuerpo legalmente establecido y de cuya idoneidad no se ha atrevido a dudar ninguno de los representantes de la oposición.

Ahora bien, yo le digo al Dr. Villalba, que ha estado tan interesado en el tema político, que realmente sería de gran interés para URD despejar ese asunto, porque no es un invento de COPEI: URD tuvo en las elecciones de 1947, 49.558 votos; en las elecciones de 1952, un millón de votos; en las elecciones de 1958, en la pequeña amarilla, 690.000 votos y Larrazábal, con la amarilla grande, 800.000 votos. La diferencia –dice– es la diferencia del prestigio de Larrazábal al Partido URD. No parece así: la diferencia se explica especialmente porque hubo ochenta mil casi, 76.340, comunistas que votaron por la roja pequeña y la amarilla grande, quizás porque habían recibido instrucciones de su partido, muy sensatas, para no comprometer la votación de Larrazábal en caso de que ganara por un margen que se atribuyera a la tarjeta roja. Entonces, a un Partido que ha tenido menos de 50.000 votos en el 47; un millón de votos en las elecciones del 52; 690.000 votos en las elecciones del 58, y que las dos circunstancias últimas en que ha tenido esta votación cambiante ha ido acompañado por circunstancias diversas, le convendría muchísimo, pero muchísimo –ya que ha ido a los cerros y tiene su gente, y partidos y grupos, y su popularidad es abrumadora, como el Dr. Villalba sostiene–, sería para el Partido más conveniente, pues el chance mejor es el que va a tener después de la primera elección. Si el triunfo va a ser tan aplastante, que todos diremos: «el Dr. Villalba es el amo del país», va solo su partido, con su plancha, sin ninguna especie de complicación y de preocupación.

No estamos tratando entonces de hacerle ningún daño. ¿Por qué se pone entonces fuera de sí el Partido URD y considera una cuestión que compromete el prestigio de las elecciones, el que se establezcan las dos votaciones? Un partido que ha estado hablando de fraude, fraude, fraude electoral. Un representante muy autorizado de su partido llegó a decir públicamente que si no quitaban a Carlos Andrés Pérez del Ministerio de Relaciones Interiores podrían considerar la abstención electoral. Y resulta que después aparece que nosotros somos los que comprometemos el prestigio de las elecciones porque pedimos las votaciones separadas.

Yo le pediría al Dr. Villalba el que enfocara el problema en relación a esta cuestión: ¿Le conviene o no le conviene al país? Porque, que le convenga o no le convenga a COPEI, es un argumento. Ustedes dicen que COPEI lo quiere porque le conviene, entonces la oposición no lo quiere porque le conviene a COPEI. Esa no es una razón para darle al país: que la oposición se oponga porque considera que esto le resuelve a COPEI un problema político de coalición. Me parece que esta no es una argumentación convincente, suficiente para el país, que lo que quiere saber es si las dos votaciones le convienen o no le convienen.

Mi excelente amigo el Dr. Villalba ha comenzado por decir que las votaciones separadas son la cosa más buena y que él es el partidario más apasionado, pero no lo quiere porque lo presentamos sorpresivamente y porque hemos cambiado las reglas del juego. ¿Qué reglas del juego estamos cambiando? Justamente las reglas de juego son exclusivamente las que están planteadas allí.

Ahora bien, respecto a la gran popularidad de URD, porque ha tomado el camino de la oposición, y a la responsabilidad de COPEI en los fracasos del Gobierno, yo le voy a decir al Dr. Villalba lo siguiente: el Gobierno de Venezuela ha cometido muchos errores, pero en su balance hay muchas cosas positivas y muchas cosas malas. Nosotros no vamos a negar los errores del Gobierno. Más aún, ni siquiera vamos a negar la parte de responsabilidad que se nos quiera atribuir. Un señor de Cabimas me dijo: «¿un 30%, doctor?», le dije: «ponga lo que usted quiera, no vamos a discutir el porcentaje de responsabilidad  que nos incumbe». Pero, Dr. Villalba, los errores de la oposición son monstruosos. Por cada error que ha cometido el Gobierno, la oposición ha cometido diez. Y eso es precisamente o que yo estoy experimentando ahora, modestamente, recorriendo también mis pueblitos y mis campesinos y mis casitas, acercándome y hablando con la gente: que la gente no está contenta con el Gobierno, pero tiene pavor de caer en la oposición, porque la oposición no le ofrece solución, no le plantea ningún camino, no le ha dado ningún ejemplo. Los planteamientos que ha tomado más bien le hacen sentir al pueblo de Venezuela que la oposición ha sido un factor negativo en la solución de sus problemas.

Desde luego que éste es un tema que no lo podemos agotar esta noche. Yo invitaría al Dr. Villalba, si el público y la estación tienen paciencia, a que discutiéramos unos cuantos problemas políticos alguna de estas noches, cuando estemos en Caracas de regreso de alguna gira, porque vale la pena en realidad que la gente nos oiga. Yo no le tengo miedo a eso. Yo tengo cuatro años colaborando en este Gobierno, al que considero que ha cometido una cantidad de errores, que le ha faltado eficacia en una serie de aspectos, pero que ha tenido también una serie de aciertos y una serie de tantos positivos que la oposición no ha reconocido nunca. Un debate de esos fantásticos se puede hacer ante las cámaras. El público probablemente se interesaría en oír el análisis, y desde luego unos saldrán diciendo que toda la razón la tiene usted, otros saldrán diciendo que toda la razón la tengo yo, pero habrá muchos, que no estén comprometidos en una actitud, que podrán razonar y decir: «caramba, vamos a ver cuáles son o cuáles no son los argumentos…».

Oiga, Dr. Villalba, nosotros mandamos, es cierto, una comisión encabezada por Lorenzo Fernández a URD, a llevar nuestra proposición de las dos votaciones. No fue recibida precisamente con los brazos abiertos, como usted dice. El informe que yo tengo de Lorenzo Fernández es que fueron recibidos en términos un tanto airados por usted. Cordiales siempre, porque usted es un hombre decente, pero estaba muy bravo desde el mismo día. Y la comunicación de ustedes no salió varios días después, sino al día siguiente; ya en la tarde estaban apareciendo opiniones y la prensa de ustedes dijo: «artera, horrible maniobra de COPEI», antes de haber estudiado la cosa. Después abrieron un «compasito» para reunir su Consejo y analizar la cosa y debatirla.

Pero creo que con el asunto de las dos votaciones ha habido prejuicios. Vea esta cosa, esta fantasía de que URD tiene votos porque se los dio Acción Democrática en el 52 o porque se los dio Larrazábal en el 58. Eso se acaba con este sistema de las dos votaciones. Y sus aliados presuntos en el Frente de oposición, que no quieren apoyar su candidatura, a lo mejor cuando vean que ustedes realmente tienen una inmensa mayoría de votos, se van con ustedes y lo respaldan.

El partido ARS está diciendo en este momento, por ejemplo, que no acepta, que no respalda su candidatura y que apoya la tesis de un candidato independiente. Quizás, después de la primera votación, si usted saca toda esa cantidad de votos que usted dice, pues lo apoya. De manera que ir al análisis político de los intereses de URD puede también ser interesante. A nosotros nos da la impresión de que ustedes se precipitaron en rechazarla, de que han podido analizarla un poco. Yo se lo dije a Ignacio Arcaya antes de que la adoptara el Directorio del Partido: «Ignacio, estamos pensando en esto», y me dijo: «Esa es la tesis mía; yo la sostuve en el 58». Al día siguiente dijo que esa era la tesis de él, pero no en este momento. Ahora yo creo que porque el momento… y tal no es una razón como para considerarlo algo tan grave o tan funesto para el país.

Jóvito Villalba:

Dr. Caldera: Usted ha dicho por dos veces que yo respaldo la tesis copeyana, cuando fui muy claro en mi primera intervención al decir que soy partidario del sistema de las elecciones separadas, pero que lo que COPEI propone no es «ni chicha ni limonada». No es ni elecciones separadas, ni elecciones simultáneas. Es una fórmula, y me perdonan que use términos un poco callejeros, es una fórmula para engalletar el proceso electoral. Hace que sobre él lluevan todas las imperfecciones y los defectos de los dos sistemas, perdiendo lo bueno que ambos tienen.

Estoy de acuerdo en que se elija al Congreso, dos años después de que se elija al Presidente de la República, pero a nadie le interesa en Venezuela que la elección sea en un mes o mes y medio después. Esto no le interesa sino a los partidos o al partido COPEI, y la regla de la política urredista es anteponer los intereses del país y de la democracia nacional a los intereses del partido. Nosotros no creemos que la República tiene que pagar los platos rotos de nuestra política o de la política de ustedes. Si ustedes tienen un problema con respecto a la candidatura presidencial, allá ustedes. Venezuela no tiene por qué cargar con ese fardo. Concretamente, la proposición de ustedes es mala y es funesta para el país y para nuestro desarrollo democrático, porque trata de cambiar las reglas de juego en contra de lo que dicen la Ley y la Constitución, cuando ya el juego está empezando, y en contra de la opinión de una de las partes. Sencillamente por eso.

Es modo ex profeso para lo último leer el artículo 159 de la Ley Electoral, que dice: «La convocatoria para las elecciones para Presidente de la República, diputados y senadores al Congreso, etc., la dará el Consejo Supremo Electoral dentro de los 30 días siguientes al término de las inscripciones». Habla de la convocatoria para las próximas elecciones. Usted dijo, un poco impensadamente con respecto a mis declaraciones en Maracaibo, que eso se refería a las elecciones del 58. Cosa que me pareció muy rara. Porque usted debía recordar, como legislador y como presidente de la Cámara de Diputados que sancionó la ley, que eso no está en la Ley del 59; que mal puede referirse, estando allí, a las elecciones del 58, que ya pasaron. Esta decisión se refiere a las elecciones venideras. «La convocatoria para las próximas elecciones». Una sola convocatoria. Se puede hacer la convocatoria. Se convoca cuando se cita a aquellos que tienen derecho a participar en un acto, para este acto, en una fecha determinada. Eso es lo que significa convocar. La convocatoria para el acto para una fecha determinada. Si se tratara de convocar para elecciones separadas, para Presidente y para Cuerpos Representativos, claro está que se podría hacer esa convocatoria en un solo documento o en una sola decisión del Consejo, pero siempre serían dos convocatorias. Y la ley usaría el plural.

De modo que este artículo de la Ley no deja escapatoria. De acuerdo con el artículo 159 es una sola la convocatoria para las dos elecciones, y está en las disposiciones transitorias como para que haya menos dudas sobre eso, y el artículo 161 habla de que el Consejo Supremo Electoral, con el voto favorable de siete de sus miembros por lo menos, podrá acordar modificaciones de cualquiera de los diversos plazos, etc., etc. En ninguna parte se habla de que el Consejo Supremo Electoral, como órgano que es del poder público, no está limitado por las atribuciones que él señala y puede salirse de ellas. La Constitución dice que es ella y las leyes las que fijan las atribuciones del poder público y que el ejercicio del poder público tiene que someterse a esas atribuciones, a lo que la Constitución y las Leyes dicen sobre esto. De modo que el Consejo Supremo Electoral no podría, sin usurpar atribuciones, decidir sobre este punto. Esto es una cosa perfectamente clara. Y usted mismo lo ha declarado, Dr. Caldera, cuando dijo que en la reforma legislativa se había reproducido el espíritu de lo que teníamos anteriormente, juzgándolo usted equivocadamente. Pero usted mismo acepta, al hablar así, que la Ley Electoral se refiere precisamente, o confirma pues, la situación anterior de elecciones simultáneas.

Respecto al artículo que dice, «en el caso de elecciones simultáneas», eso no contradice lo que estoy señalando, porque en la Constitución nacional, en tres diferentes artículos en los que se refiere a la falta absoluta del presidente antes de encargarse de la Presidencia, en la disposición transitoria decimonovena de que usted habló, y al referirse a la elección de gobernadores, se plantea la posibilidad de que se celebren elecciones únicas para esos casos, y es natural que la Ley Electoral contemple la posibilidad de elecciones simultáneas o de elecciones únicas.

La alternativa que presenta este artículo no es de elecciones separadas, sino de elecciones simultáneas o únicas, de acuerdo con el dispositivo de la Constitución Nacional. Ahora, Dr. Caldera, yo quiero decirle que el hecho de que URD no tenga nada que temer de las elecciones separadas no puede ser motivo para que nosotros apoyemos la proposición de ustedes; no puede ser razón para que la apoyemos, cuando creemos que ella va en contra de la Constitución y de la Ley y de los intereses del país. Porque todo lo que usted ha dicho a favor de ella, lo ha dicho a favor del sistema de elecciones separadas, que no son una elección hoy y otra dentro de un mes o dentro de mes y medio. De modo que toda la argumentación que usted hábilmente ha traído esta noche a este debate no nos puede convencer.

Ahora, usted habló de que si el Gobierno ha cometido errores también los ha cometido la oposición. Yo no puedo sostenerle que nuestra actitud ha estado libre de faltas, pero en todo caso ustedes tienen la principal responsabilidad en la difícil situación por la que atraviesa el país, por la ola de violencia que se ha adueñado de la vida pública de Venezuela, y sobre todo por el hecho de que durante cuatro años no se ha dado, de parte del Gobierno, ningún paso serio, dirigido a resolver el grave problema de desempleo y de miseria que padecen hoy cientos de miles de venezolanos.

Nosotros, los urredistas, es cierto que hemos cometido errores, pero desde nuestra posición de partido de oposición, hemos sido una fuerza siempre orientada hacia la pacificación del país y hacia el mejor desarrollo de nuestras instituciones democráticas. Nosotros, Dr. Caldera, hace seis meses salimos a la calle a trabajar, a hablar democráticamente ante el pueblo de Venezuela en momentos en que el Gobierno y otros grupos políticos parecían definitivamente encadenados a una política de violencia y hoy le ofrecemos al país, frente a las elecciones que se avecinan, una alternativa política seria.

Nosotros creemos que hay que salvar la paz del país y encaminar el desarrollo económico y social de la nación mediante una política que cambie a fondo la situación económica y social del país, para resolver los graves problemas sociales que nos plantea el aumento explosivo de la población venezolana, la explosión demográfica que hoy caracteriza la vida social del país. Todos los años se incorporan a la vida de Venezuela cien mil nuevos trabajadores, cien mil venezolanos en edad de trabajar, y este gobierno, en cuatro años no ha hecho nada para ofrecer empleo a estos cientos de miles de venezolanos. Si esta situación continúa, si el Gobierno, por medio de una política ventajista, logra imponer su continuación en el poder, y si continúa esta política de acumulación de cientos de miles de venezolanos sin empleo en el mercado de trabajo, Venezuela irá, tendrá que ir, a una revolución violenta, y ello no será culpa de grupos que prediquen la subversión o la violencia, será principalmente la responsabilidad de este Gobierno y del que lo suceda en la continuación de una política igual a la que acaba de sufrir el país.

Rafael Caldera:

Voy a hacer uso del derecho de una sola vez, para hacer algunas consideraciones finales y dejar, como lo dije al principio, en el uso de la palabra, para terminar el debate, al Dr. Villalba.

Voy a sintetizar mi respuesta en los términos siguientes: el Dr. Villalba atribuye a las palabras y las leyes, al número de las palabras, al singular y al plural, un valor que realmente no les quiso dar el legislador. Que al decir la convocatoria, quería decir que tenga que ser para un solo acto, no es cierto, y lo voy a replicar con un breve ejemplo: la Facultad de Derecho de la Universidad Central convoca para exámenes al estudiantado y hace su convocatoria: estudiantes de primer año, para Sociología, tal día a tal hora; para Derecho Romano, tal día a tal hora; para Derecho Constitucional, tal día a tal hora; para tal grupo, tal día a tal hora; segundo año, tal día a tal hora; y cubre todo un mes con diversas actividades que se realizan y que están comprendidas allí en una sola convocatoria. En las mismas elecciones universitarias se realiza la elección, por ejemplo, de los delegados al Claustro por parte de los estudiantes, después se hace la elección, por ejemplo, de los representantes de Facultad, después se hace la elección de directivos de la Federación de Centros Universitarios. De manera que no existe esa intangibilidad de la palabra, ni creo yo tampoco que vamos a envolver al país en un drama por una palabra, porque la Ley dice «la convocatoria».

Yo creo que la disposición es del 58 y tengo la siguiente razón para el Dr. Villalba: esa Ley no fue dictada en el 59, sino que entonces fue reformada parcialmente, y los artículos que fueron reformados parcialmente están mencionados en el último artículo de la Ley. Estas disposiciones transitorias que estaban para 1958 no se tocaron, por descuido o por lo que fuere. Lo cierto es que eran disposiciones establecidas en la Ley Electoral del 58 y que tienen un título general que dice: «Disposiciones Transitorias». No fueron objeto de una reforma parcial y allí quedaron. Ahora, aunque suponiendo que se apliquen al actual proceso electoral, el hecho de que hable de la convocatoria a elecciones no excluye en forma alguna el que esa convocatoria, «la convocatoria», pueda hacerse para oportunidades diferentes.

Yo vuelvo a decir que no entiendo cómo el Dr. Villalba llama mala y funesta para el país la cuestión de las votaciones, cuando al mismo tiempo dice que es partidario y lo más que dice es que «no es chicha ni limonada». Bueno, si no es «ni chicha ni limonada» no es capaz de intoxicar, ni de envenenar, ni de destruir el organismo del país. Y yo le contesto, ya que usted usó una frase popular, con otra frase popular, «lo que es igual no es trampa». Simplemente es una regla que se establece para todos, y lo que nos interesa es seguir oyendo las opiniones. Vamos a oír las opiniones y a ver qué dicen ellas sobre la conveniencia o no de la medida. No es sólo el hecho de que si URD no quiere.

Bueno, entonces no se puede tocar, porque URD «se pone brava…», no me parece que sea un argumento de un valor muy democrático, propiamente hablando. Nosotros creemos que es de interés para el país. Lo creemos seriamente. Y seriamente, Dr. Villalba, tenemos la impresión –usted no puede compartirla y desde luego no la compartirá– de que ningún partido en Venezuela se ha manifestado tan dispuesto en todo momento a hacer los mayores sacrificios partidistas por el bien del país como el Partido Socialcristiano COPEI. Creo que nuestro ejemplo en estos cuatro años ha sido el ejemplo de acometer situaciones difíciles de soportar la incomodidad de nuestra participación en el Gobierno, porque creemos es de interés para el país. Nosotros hubiéramos podido razonar con la idea partidista de URD de irnos del Gobierno, y que pase lo que pase…

Tenemos la impresión de que la situación del Gobierno constitucional habría sido mucho más difícil si nosotros hubiéramos tomado el camino de URD y que a lo mejor este proceso electoral que usted está contribuyendo a desarrollar en el país, y este debate hermoso que estamos realizando esta noche a lo mejor hubiera tenido un riesgo mucho mayor de no haberse realizado.

Nosotros estamos pensando seriamente, y quisiéramos que cuando se le diga que no conviene al país se le diga por qué, no porque «no le gusta» a la oposición, sino porque se le va a hacer un perjuicio. ¿Cuál es el perjuicio que se le va a hacer al país? Que el partido COPEI no ha aclarado la cuestión de la candidatura presidencial y piensa que se aclararía mucho mejor con la doble votación, eso le conviene al país o no le conviene. No es que le guste o no le guste a la oposición, o que le convenga o no le convenga a la oposición.

Jóvito Villalba:

En realidad, el ejemplo que usted citó de la convocatoria para exámenes en la Universidad, en lo más mínimo altera o niega el valor de mi alegato, porque en caso de que fuera, o que estas convocatorias se hicieran como usted dice, se trataría de varias convocatorias hechas dentro de un solo documento, un solo escrito. Insisto en que el hecho de que se use un solo escrito o documento para expresar la convocatoria, no quiere decir que se trate de una sola. La Ley diría «convocatorias», si se tratara de una doble elección.

Ahora, yo quiero referirme a algo que dijo usted en relación con el mérito que tiene la actuación del Partido COPEI al quedarse dentro del gobierno y apoyar esta situación, y de lo que usted dijo al calificar esa actuación como factor estabilizador de la democracia en este país. Si esto piensa usted de la actuación del Partido COPEI, yo me permito decirle que es mucho más difícil y por lo tanto de más mérito la actuación de URD como partido de la oposición frente a ese Gobierno, porque este Gobierno, este país ha carecido siempre de una oposición que le trace alternativas claras y que siendo oposición no se deje arrastrar por el atajo de la violencia o de la conspiración.

Como usted muy bien lo entenderá, Dr. Caldera, desde el primer momento en que nosotros dejamos de ser gobierno y pisamos la calle, nos convertimos en la presa más codiciada de los grupos que estaban empeñados  en resolver el problema político por medio de la fuerza. Éramos el Partido más importante de la oposición y era natural que esos grupos pensaran que nosotros éramos el grupo civil capaz de darle apoyo político a un golpe de estado contra el presente gobierno. ¿Cómo ha actuado URD? URD, a pesar de su categórica oposición a este gobierno, de su desacuerdo con su política de olvido del pueblo y de su incapacidad para resolver los problemas de las grandes masas de Venezuela, a pesar del desacuerdo con la política internacional de este Gobierno, con la permanencia en el estado de sitio, cuando ya el país estaba en paz, no obstante eso, URD en ningún momento abandonó el camino cívico y democrático y eso es lo que nos da una gran autoridad en el momento en que Venezuela necesita que se le presenten alternativas justas, sensatas, patrióticas, para la solución del problema político. Nosotros creemos ser esa alternativa en la forma más seria y sincera, porque somos un partido democrático, pero que no cree que la democracia sea un régimen que debemos mantener en pie para que monte guardia a los privilegios y a las injusticias que llenan la vida del país, y a deformaciones que imperan en nuestra vida económica.

Nosotros somos un partido democrático, pero que cree que la democracia es un instrumento para avanzar, para avanzar hacia una verdadera reforma agraria, para avanzar hacia la industrialización del país con energía y con ánimo revolucionario, con el fin de darle trabajo a esos cien mil venezolanos que todos los años tocan la puerta de la casa, pidiéndonos que los dejemos entrar y que les demos garantía para una vida libre de la miseria, del hambre, de la inseguridad. Nosotros creemos que somos capaces de realizar una política que coloque en la base de la democracia al afecto y la simpatía de las grandes masas populares de Venezuela.

 

Rafael Caldera:

Pido perdón al moderador y al Dr. Villalba por haber anunciado antes que era mi última intervención y no haber tomado plena conciencia de lo que eran cinco minutos en televisión. Estoy perdiendo un poquito el «training» del tiempo, del «timing», como dicen los expertos. Voy a hacer ahora una breve intervención, diciendo desde luego que lo que el Dr. Villalba responda, si trae elementos nuevos, queda dentro de la invitación general que le he formulado para volver alguna vez a discutir aquí los problemas del país. Sería muy interesante que pudiéramos analizar a fondo la cuestión demográfica, el desempleo, el hambre, la cuestión económica, el problema de las inversiones. Sería muy interesante también si pudiéramos discutir el problema de la violencia.

El Dr. Villalba nombró la ola de violencia y me dio la impresión de que estaba muy valiente, nuevamente achacándosela al Gobierno, cosa que la oposición ha hecho sistemáticamente aquí. Últimamente, apenas cuestión de las últimas dos o tres semanas, si he visto alguna definición frente a grupos violentos de la oposición, y el Dr. Villalba acaba de reconocer que hay grupos empeñados en resolver el problema por medio de la fuerza.

Es muy serio este reconocimiento público del Dr. Villalba, porque entiendo que en estos cuatro años la oposición urredista no había hecho formalmente un reconocimiento de tanta gravedad y de tanta importancia.

Estos temas, pues, podríamos discutirlos y la responsabilidad de cada grupo, la posición de cada partido. Lo que debo rechazar  es la tesis de que aquí no ha habido oposición democrática antes. Eso es lo que dijo el Dr. Villalba. Del 45 al 48, tanto COPEI como URD fueron oposición. Yo, por lo menos de COPEI, puedo garantizar que fuimos oposición democrática, enardecida, apasionada, enconada; pero puedo garantizar que fuimos oposición democrática y los hechos posteriores lo demostraron de una manera terminante. No puedo, pues, extenderme a más cosas, sino dejar en pie esta invitación. Sólo espero que si el Dr.Villalba decide en alguna otra ocasión que concertemos un debate de éstos, me deje la oportunidad de clausurarlo yo, o por lo menos echarlo a la suerte: sacar un papelito, otro, uno empieza a hablar y otro termina, y entonces puedo decir: «lo que es igual no es trampa».

Para rematar mis intervenciones en esta noche, le voy a dar un resumen del punto central del debate al Dr. Villalba, con el ruego de que si él lo tiene a bien me las conteste. Son seis preguntas formuladas así y se las voy a pasar, se las voy a entregar luego, para que las tenga ante la vista. Dicen así:

1) ¿Existe algún artículo de la Constitución o de la Ley Electoral que prohíba que las votaciones se hagan en oportunidades sucesivas o que ordene hacerlas en un solo acto?

2) Si ese artículo existe, ¿podría citarlo el Dr. Villalba?

3) ¿Por qué su Partido teme a una votación para Cuerpos Deliberantes, donde se demostraría su fuerza electoral, si cree que tiene un gran caudal de votación?

4) ¿Tiene seriamente URD la intención de abstenerse si prospera la tesis de la doble votación?

5) ¿Cuáles son las causas que a juicio del Dr. Villalba pudieran justificar una abstención electoral?

6) ¿Podría citar algún caso de algún país en que la abstención electoral haya producido algún beneficio?

Dejo estas preguntas en la mano del Dr. Villalba y de esta manera termino en la presente noche mi intervención. Reitero mi agradecimiento a Radio Caracas Televisión, al amigo Carlos Rangel, a la prensa aquí presente, y muy especialmente al Dr. Villalba. Creo que hemos discutido cordialmente, con vigor; que nos hemos dicho cosas que están planteadas dentro de la lucha política, pero creo que dentro de estas cosas hemos contribuido en algo, y me siento satisfecho por la parte que me corresponde y le doy las gracias al Dr. Villalba por la parte que le corresponde a él –que es muy importante–, a decirle a nuestro pueblo que la discusión de los problemas no está cerrada, sino que está abierta y, lo que es más importante, que está abierta ante él, porque él es la voz suprema que va a decidir todos estos asuntos que controvertimos.

Buenas noches.

 

 

Jóvito Villalba:

Comienzo diciéndole al Dr. Caldera que a nosotros nos será muy grato venir nuevamente ante estos micrófonos de Radio Caracas Televisión a discutir con él sobre temas importantes de la política y de toda la problemática nacional de Venezuela. Yo creo que todos tenemos mucho que ganar en este debate, y que adelantándolo estaremos en el camino de preparar una mejor decisión, una decisión más libre y consciente por parte del pueblo venezolano.

Quienes estamos en la democracia nacional, empeñados no en la conquista de posiciones sino en el progreso de nuestro país y sobre todo en la incorporación efectiva de las grandes mayorías populares de Venezuela al ejercicio de la democracia, tenemos que entender ese camino de las discusiones, de las más amplias discusiones de todos los temas nacionales, es el mejor que podemos seguir.

Además, yo creo que la democracia, o que la paz del país, se cimentan sobre bases realmente perdurables cuando tienen este fondo dialéctico de contra-posición de ideas y de puntos de vista entre los partidos y sus dirigentes. Créame, Dr. Caldera, que yo vendré con mucho gusto a responderle sus planteamientos y que acepto su proposición de sacar por la suerte nuestra respectiva posición dentro del debate.

Ahora paso a responderle brevemente las preguntas, advirtiendo sin embargo que ellas están hechas un poco fuera de la línea trazada en el debate, porque yo no dispongo sino de tres minutos y usted me ha formulado seis preguntas, que por cierto hasta las trae escritas en máquina, cuando precisamente sólo me quedan tres minutos para responder. Sin embargo, se las voy a responder brevemente, porque para mí es absolutamente fácil hacerlo:

1) ¿Existe algún artículo de la Constitución o de la Ley Electoral que prohíba que las votaciones se hagan en oportunidades sucesivas o que ordene hacerlas en un solo acto? No existe ningún artículo que lo prohíba, pero el texto de la Constitución y el texto de la Ley Electoral dejan claramente establecido que la intención del legislador fue la de que se realicen elecciones simultáneas, y he citado aquí artículos que en su letra no dejan lugar a duda sobre ello. Es más, creo que si el Consejo Supremo Electoral tomara una decisión para acordar la celebración de elecciones separadas, estaría violando el texto de la Constitución y usurpando atribuciones.

2) Si ese artículo existe, ¿podría citarlo? Quedó ya contestado en la primera pregunta.

3) ¿Por qué su partido URD teme a una votación para Cuerpos Deliberantes? Nuestro partido absolutamente teme ir a una votación para los Cuerpos Deliberantes. Nosotros somos actualmente el partido que está en mejores condiciones para ir a esa votación. En primer término tenemos ya una candidatura en la calle, e iríamos a la votación para Cuerpos Deliberantes como ustedes la proponen, contando con el atractivo que significa tener una candidatura en la calle. De modo que a este respecto no tenemos problemas. El partido no teme ir a las elecciones para Cuerpos Deliberantes separadamente, pero cree que no se debe ir separadamente a estas elecciones, porque ello sería violatorio del espíritu y de decisiones expresas de la Ley Electoral y del espíritu de la Constitución, que acordó, como lo dijo el Consejo Supremo Electoral, tomó el camino de una sola elección, de una elección única nacional; pero, y además, porque ello traería problemas para el desarrollo político del país, confundiría el ambiente electoral y sembraría la desconfianza entre sectores populares a los cuales nos interesa llevar a las elecciones.

4) ¿Tiene seriamente URD la intención de abstenerse si prospera la tesis de la doble elección? No nos abstendríamos. URD ha sido siempre, en la política de Venezuela, el partido menos abstencionista. Para nosotros la política es lucha, lucha en la calle al lado del pueblo. Pero si se toma esta decisión, nuestra participación en las elecciones tendría un tono, un ritmo diferente del que hoy tiene, porque iríamos a las elecciones con el concepto o dentro de la idea de que se ha cometido un abuso contra nosotros y contra toda la opinión política del país.

5) ¿Cuáles son las causas que a juicio del Dr. Villalba podrían justificar una abstención electoral? Las causas serían el que el Gobierno echara, se lanzara sobre el atajo de una política ventajista que aumentara la violencia oficial dentro del proceso electoral, y que se creara una situación dentro de la cual los urredistas llegáramos a creer que no estamos participando en un juego democrático libre, susceptible de acarrear una decisión del pueblo venezolano, una decisión consciente y libre del pueblo venezolano, sino que estaríamos sencillamente haciendo el juego a una fórmula continuista del Gobierno.

6) ¿Podría citar algún caso de algún país en que la abstención electoral haya producido algún beneficio? Dr. Caldera, creo que en ninguna parte la abstención ha producido ningún beneficio, y por eso, como le dije, nosotros somos el partido menos abstencionista del mundo. Pero al mismo tiempo decimos, para terminar este programa, lo que ya dijimos el 52 y lo que hemos repetido otras veces en este año durante nuestra gira política: no nos abstenemos, pero tampoco queremos ser peones en un juego, o piezas de ajedrez en un juego continuista. Vamos a las elecciones si las elecciones son de verdad un ejercicio democrático para el pueblo venezolano y un paso de avance en el camino del desarrollo político, económico y social de nuestro país.

Muchas gracias a Radio Caracas y a todos los televidentes y a usted, Dr. Caldera, muchas gracias.

 

Independientemente de los argumentos esgrimidos por ambos participantes, ese día de 1963, el país se dio el gusto de presenciar la discusión, en un debate de altura, a dos de los principales protagonistas de la democracia venezolana del siglo XX, colosos de la política y al mismo tiempo profesores universitarios: Jóvito Villalba y Rafael Caldera.

La decisión de separar las elecciones no se tomó hasta muchos años después. Para ilustración del lector, ofrecemos comparativamente las cifras logradas por los partidos de ambos debatientes, COPEI y URD, en las elecciones de 1958 y las que se aproximaban, las de 1963:

COPEI obtuvo en 1958, con la tarjeta grande, 396.293 votos, mientras que en 1963, sacó 589.177, aumentando, con la tarjeta pequeña, de 19 a 38 Diputados su presencia en el Congreso Nacional; mientras URD sacó en 1958, con la tarjeta grande, 800.716  votos y en 1963, 510.975, bajando, con la tarjeta pequeña, de 34 a 29 Diputados su participación en el Congreso de la República. El total de votos válidos en las dos elecciones de 1958 y 1963 fue de 2.610.833 y 2.918.877 votos, respectivamente.