El presidente Rafael Caldera, acompañado por sus seguidores, con la Puerta Dorada del Palacio de Miraflores de fondo. Caracas, 12 de marzo de 1996.

Mensaje Presidencial

Ciudadanos Senadores:

Ciudadanos Diputados:

Al recibir la participación de haberse instalado el Congreso en sus sesiones ordinarias, afirmé que estamos en un momento difícil. Difícil fue igualmente el calificativo que di al año anterior, 1994, al presentar ante las Cámaras en sesión conjunta mi primer mensaje anual.

Difícil es, verdaderamente, la etapa que nos ha tocado atravesar. Y de la voluntad de superarla y del éxito en el enfrentamiento de las dificultades, va a depender el futuro del país y el fortalecimiento de las instituciones democráticas.

Todos los sondeos de opinión demuestran que los venezolanos, en una proporción inmensamente mayoritaria, aman la democracia como sistema de gobierno. Pero no sé hasta qué punto están conscientes de lo que cada uno tiene que aportar para que la democracia se afiance y sobreviva. En días recientes tuve el privilegio de recibir al Vicepresidente de la hermana República de Bolivia y en la amena conversación dijo algo que tiene un ámbito de aplicación mayor de lo que pudiera pensarse: «todos quieren cambio, pero no aceptan que el cambio los afecte a ellos». Lo mismo ocurre con la demanda de que se hagan los sacrificios necesarios para que el país pueda enrumbarse firmemente: todos los proclaman, pero rechazan la parte que a cada uno pueda corresponderle.

Estoy convencido, ciudadanos Senadores y ciudadanos Diputados, de que el esfuerzo necesario para sacar adelante a Venezuela nos corresponde a todos. Si todos no cooperamos, se frustrarán los mejores propósitos. Y esto es necesario que a todos lo hagamos comprender.

Cuando se reclama la perentoria necesidad de una medida, ocurre con frecuencia que algunos de los que la reclaman con mayor énfasis la protestan cuando la medida se adopta. Y a veces la peor crítica proviene de quienes son más responsables de la situación que hay que corregir. Recursos dialécticos sobran para tratar de justificar tales actitudes.

Por otra parte, cuando se adopta una medida equitativa, por ejemplo, elevando las remuneraciones hasta donde las circunstancias lo permiten, algunos empresarios protestan y sobran dirigentes sindicales –y aspirantes a serlo- que protestan también: para unos es mucho, para otros muy poco; aquéllos no quieren admitir que el alza en el costo de la vida hace necesario un alivio de cierta entidad para los que tienen menor capacidad económica, y éstos se resisten a aceptar que un aumento mayor sería contrario a su propia conveniencia, porque constituiría un impulso a la espiral inflacionaria que amenaza llevarnos por las funestas vías de la maxi-devaluación y superinflación

He tomado la decisión de elevar el ingreso de los trabajadores peor remunerados y no me importan las críticas que me hagan por ello; pero no puedo honestamente llevarlos más arriba, porque causaría un perjuicio mayor que el que se quiere remediar.

Este año de 1996 es un año clave

Este año de 1996, repito, es difícil, pero hay algo más: es un año clave. Del éxito que logremos en él dependerá el poder transitar en los años subsiguientes por una ruta clara, de piso firme y alumbrada por el sol. Permítaseme formular una importante observación: todas las perspectivas políticas que acaricie cada ciudadano o cada grupo; todas, absolutamente todas, suponen como condición indispensable que el país (no el Gobierno, que apenas es una parte del país) recupere la vía que tiene derecho a transitar, con la seguridad de estar definitivamente libre de esos madrugonazos que tantas amarguras y fracasos le han costado a Venezuela a lo largo de su historia. Los que piensen en el 98 tienen que contribuir a que salgamos adelante en el 96.

El análisis de hechos recientes debe llamarnos a la reflexión. Según los datos del Consejo Supremo Electoral, la abstención en el proceso para escoger gobernadores y alcaldes fue, en total, de 53,89%. Hemos dicho y puedo repetirlo, que tomando en cuenta que la confiabilidad del registro electoral nos autoriza a descartar por lo menos un diez por ciento de la lista, la mitad de la población apta para votar cumplió su deber. Esto es positivo. Pero no puede menos que inquietarnos el hecho de que el índice de abstención en el Distrito Federal llegó a casi el 70% (rigurosamente el 69,69%) y en los estados más centrales estuvo por el 60%: Miranda (62,52%), Aragua (62,26%), Carabobo (59,50%), y no porque faltaran motivos de interés para los electores, ya que había candidatos con arrastre popular, hubo campaña electoral activa y el debate tuvo innegable intensidad. Por sobre el 50% anduvieron los Estados Bolívar (52,88%), Guárico (53,36%), Lara (52,14%) y Zulia (52,28%). Fueron los demás, que estuvieron por debajo del 50%, los que hicieron mejorar el promedio nacional. Estas cifras constituyen un motivo más para un compromiso de solidaridad, a fin de llegarle a esos votantes que concurrieron al acto del sufragio.

Tenemos que salvar el país. Tenemos que salvar la democracia, tan laboriosamente conquistada, porque sería una trágica aberración sostener que para salvar el país hay que sepultar la democracia. En cuanto a mí concierne, estoy dispuesto a asumir toda la carga de responsabilidades que me corresponden y a soportar todos los disgustos que ellas me ocasionen. Estoy dispuesto a adoptar las medidas que la situación de Venezuela demande. No hay trago, por amargo que sea, que no esté dispuesto a pasar si lo requiere el servicio a mi pueblo.

Se ha mantenido la paz

El año transcurrido y el que lo precedió, difíciles como han sido, me recuerdan la expresión que un destacado político italiano utilizó en una situación algo parecida a la actual nuestra: «años difíciles, pero no estériles». En efecto, no han sido estériles, ni mucho menos, estos años que llevo al frente del gobierno. Hoy debo referirme, concretamente, a 1995. En el informe anexo a este Mensaje, y más extensamente en las Memorias de los Ministros del Despacho, encontrarán los señores miembros del Congreso una detallada información, pero ahora debo señalar algunos rasgos importantes.

Por de pronto, nadie puede negar que en Venezuela, en medio de problemas y contradicciones, se ha mantenido la paz. Se restituyeron las garantías, se han respetado los derechos humanos y se ha acatado hasta el máximo la libertad de información y de opinión, así como la libertad de manifestación. Y a pesar del descontento natural por el aumento del costo de la vida, la población ha desoído los llamados a la violencia y las autoridades han contenido los brotes reiterados que grupos perfectamente identificados han pretendido usar como detonante de un supuesto estallido social. En nuestro país no habrá estallido social porque la gente sabe que la violencia, lejos de solucionar sus necesidades y carencias, no haría sino agravarlas; que las fuerzas del orden están alerta para controlar cualquier disturbio y que el gobierno con plena buena fe y con inquebrantable decisión trabaja por restablecer la confianza en el país y la fe en un destino mejor.

La propia elección de los gobernadores y alcaldes, de los cuerpos legislativos y edilicios, fue una piedra de toque de la estabilidad del país. Y el ambiente de armonía que prevalece entre los gobernantes regionales y el Jefe del Estado ha sido una señal de optimismo, que permitirá resolver en concordia los puntos de vista diferentes que siempre surgen en la distribución de los recursos y responsabilidades. La Convención de Gobernadores fue una buena señal. Adelantos serios se han logrado en el proceso de descentralización y en la reforma de la Administración, cuyas deficiencias y estructuras anticuadas pesan mucho sobre el país y oponen resistencia a su reorganización.

Economía: apertura y normalización del sector financiero

Por otra parte, en materia económica es significativa la reversión de la tendencia negativa que había venido marcándose en cuanto al PIB; el crecimiento no se debe solamente al mejoramiento de los precios del petróleo, sino también, aunque en menor proporción, a la recuperación del sector no petrolero. Este sector, de menos 4% pasó a más 0,8% en 1995. El 6% en el sector manufacturero es digno de señalarse.

El éxito de la apertura del sector hidrocarburos a la participación privada, foránea y doméstica, mediante un sistema que asegura la soberanía del Estado y el protagonismo de la industria nacional, ha tenido una amplia y favorable repercusión. El desarrollo energético, la Conferencia Mundial de Energía realizada en Puerto La Cruz, el crecimiento de la industria petroquímica y la intención de abrirla a la participación privada, el auge creciente de la Orimulsión, que será en el futuro uno de los puntales de nuestro comercio internacional, el aumento considerable de la producción vegetal en el sector agrícola, el crecimiento del turismo, que es uno de los renglones más prometedores.

La trascendencia de lo que se hace en materia de Refinería en la Península de Paraguaná (por cierto, la victoria en la Organización Mundial de Comercio sobre la venta de gasolina reformulada a Estados Unidos ha sido reconocida como de notable significación). La creación del Ministerio de la Industria y Comercio y del Banco de Comercio Exterior son realidades tangibles. Y desde el propio punto de vista de la estabilidad política y de las buenas perspectivas económicas, la llegada de importantes inversionistas venidos de todos los continentes y de más de 600.000 turistas foráneos, constituyen por sí solos un testimonio irrecusable. Nadie vendría al país si aquí hubiera el desastre que pintan algunos medios de comunicación.

Es unánime el reconocimiento de lo alcanzado en el esfuerzo de modernización y eficiencia de la reforma tributaria. Se aumentó a más de la mitad la participación del sector no petrolero y se entró a fondo en la tarea de reducir la evasión fiscal.

El esfuerzo cumplido para lograr la normalización del sector financiero, después del vendaval que lo azotó, causado por el desbarajuste y la corrupción, el hacer más efectiva y de más alta calidad la supervisión, ha sido real y nos proponemos continuar activando caminos para su definitivo saneamiento. En cuanto a la marcha ininterrumpida y responsable del proceso de privatización, cuyos resultados se verán en el curso de este mismo año, también es un hecho tangible.

Rafael Caldera y Fernando Henrique Cardoso, 1995.
El 5 de julio de 1995, el presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, acompañó al presidente Caldera en el tradicional desfile militar de Los Próceres.

Política exterior

Las relaciones internacionales han estado en excelente forma. En lo multilateral, cumplimos nuestro rol, sin protagonismos desmedidos, pero sin ignorar nuestro deber de impulsar los procesos de integración y la colaboración de las naciones, en la búsqueda del desarrollo económico y social, en la lucha contra la pobreza y en el robustecimiento de la paz. La próxima conferencia de la OEA en Caracas contra la corrupción tendrá una repercusión considerable en la cooperación de los gobiernos contra ese vituperable mal. Señalada importancia tuvo, en el ámbito regional, la reunión cumbre de los Jefes de Estado de los Países Bolivarianos en Cumaná, en ocasión del Bicentenario del nacimiento del Gran Mariscal de Ayacucho.

En lo bilateral, hemos recibido honrosas visitas de Jefes de Estado y de Gobierno de países con los cuales hemos afianzado vínculos de amistad y cooperación, y de las Antillas, de Aruba y Puerto Rico. Las relaciones con el Brasil se han intensificado de una manera cada vez más prometedora. El intercambio con los estados del Norte y Nordeste de tan importante vecino ha sido un verdadero descubrimiento. En cuanto a las relaciones con Colombia, se han mantenido en el debido plan de reciprocidad; el intercambio comercial ha crecido considerablemente y ha habido un espíritu de comprensión para las alternativas económicas de ambos países. En el aspecto político, hemos sido cuidadosos de no tomar actitudes que en alguna manera signifiquen la menor intromisión en los asuntos internos de la hermana República; y si ha habido inconvenientes en las regiones fronterizas por las agresiones y hostigamientos de que somos frecuentemente objeto por grupos irregulares colombianos, hemos mantenido firmemente la defensa de nuestra soberanía y requerido del Gobierno y Fuerzas Armadas del país vecino una mayor y más efectiva presencia para impedir que se nos siga agrediendo desde su territorio.

Educación: empresa fundamental para el país

La opinión pública reconoce el gran impulso que se está dando a la educación, como la empresa fundamental que el país debe acometer. Las cifras negativas del año anterior han sido sucedidas por indicadores positivos, tanto en la cantidad como en la calidad de la educación. La superación del docente ha sido interés primordial del Despacho respectivo. Tenemos la firme aspiración de que la relación entre el Ministerio y los docentes refleje cada vez más en un esfuerzo armónico a favor de los alumnos y no una constante discusión de relaciones laborales.

Los programas de formación para los adolescentes que han desertado de la educación formal se intensifican continuamente. La importancia de estimular en la juventud el culto a los valores fundamentales y el amor al trabajo es una constante en las actividades del gobierno; y los triunfos obtenidos por nuestros deportistas y por nuestros muchachos en las orquestas juveniles e infantiles han sido destacados como un motivo más para la autoestima y la superación nacional.

Obras, servicios, vivienda, desarrollo del Sur, programas sociales y cárceles

En materia de servicios públicos, obras fundamentales como el Acueducto Regional del Centro, el sistema de Hueque en Falcón, la aducción a Guanare y otras relativas al problema del agua en las áreas habitadas se llevan adelante con firmeza. El problema central de resolver en forma estable el servicio de agua en Caracas es preeminentemente de interés nacional y se han encaminado los pasos hacia una solución próxima, con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo y de la Corporación Andina de Fomento.

El Programa de Desarrollo Sustentable del Sur (PRODESSUR) es una de las realidades más importantes para el destino nacional. En cuanto a la política de fronteras, nunca habían recibido las áreas fronterizas más atención y más empuje que ahora, a pesar de las limitaciones de recursos que enfrenta el Fisco Nacional. Crear en el país conciencia de la importancia del desarrollo sustentable del Sur y de los problemas fronterizos ha sido para mí una preocupación insistente.

Por supuesto, un gobierno de gente que cree en la justicia social tiene que darle y le ha dado la consideración que merece a los programas sociales que buscan, por una parte, aliviar la pobreza y, por otra, impulsar programas de economía solidaria, mercados y farmacias populares, así como atención a los niños y a las madres abandonadas.

Ya FONCOFIN (Fondo de Cooperación y Financiamiento de Empresas Asociativas) tiene 310 puntos de abastecimiento y no se detiene un instante en su labor en pro de la economía solidaria y en la promoción de microempresas. El INDECU (Instituto de Defensa y Educación del Consumidor y del Usuario), lucha a brazo partido frente a los abusos que continuamente se denuncian.

En cuanto a la salud, el programa de la descentralización y las medidas orientadas a asegurar el satisfactorio funcionamiento de los hospitales, a través de una autonomía bien encaminada, asoman favorables perspectivas. Por supuesto, ello reclama cierto tiempo y supone obtener el consenso de los participantes.

En materia de construcción se ha puesto especial interés en finiquitar algunas que venían haciéndose desde hace años: así, por ejemplo, el edificio para el IESA, el auditorio y sala de lectura para la Biblioteca Nacional, el estupendo Hospital San Juan de Dios de Mérida y el monumental Santuario de la Coromoto.

Como se puede suponer, el problema de la vivienda ha sido preocupación constante del gobierno, tanto por su magnitud y urgencia como por la devoción particular que le he dado al tema a lo largo de mi vida. La coordinación de todos los organismos que tienen relación con la materia, la colaboración de los institutos nacionales con las autoridades regionales y municipales y con los sectores privados, está comenzando a dar sus frutos.

El número de viviendas construidas no es todavía satisfactorio, pero tampoco irrisorio: más de cien mil soluciones fueron iniciadas en 1995 y de ellas se han construido ya 47.791. Y «Fundabarrios», que atiende el equipamiento de barrios ha asumido la construcción de 40 mil soluciones habitacionales.

El programa de vivienda es aspecto importante de la lucha contra el desempleo, que está en un 10,7% de la población ocupada. Juntamente con la promoción de microempresas y la capacitación de jóvenes para el trabajo, le damos frente a ese mal, que será batido con la reactivación económica que se espera para el próximo año.

En materia de obras de vialidad, es de importancia señalar que en el programa de construcción de obras importantes por el sistema de concesiones, ha culminado el primer caso, al otorgarse la buena pro en el proyecto de vialidad entre Caracas y La Guaira. Encomendado el estudio y tramitación a una Comisión de alta capacidad profesional y de reconocida integridad, la ejecución de esta obra tendrá una influencia definitiva en el sistema mismo. Mientras tanto, han continuado atendiéndose necesidades importantes, como la continuación de la autopista centro-occidental, así como de otras autopistas y carreteras y las vías de acceso al majestuoso Santuario nacional de Nuestra Señora de Coromoto, inaugurado en la ocasión de la inolvidable visita apostólica que hizo a Venezuela Su Santidad Juan Pablo II. El Metro de Caracas terminó e inauguró la nueva línea Plaza Venezuela-El Valle. La reordenación de los aeropuertos, algunos de los cuales han sido ya debidamente transferidos a los gobiernos regionales, ha sido una actividad importante.

Muchos hechos más podría enumerar para abonar la afirmación de que no han sido estériles los años transcurridos, a pesar de las dificultades. En el anexo a este Mensaje podrá encontrarse valiosa información. Pero ello no quiere decir que pretendamos que todo ha sido perfecto, que no ha habido problemas graves cuya solución exige mucho por hacer. Por ejemplo, la situación de las cárceles deriva sobre todo del hacinamiento, porque los centros de reclusión fueron construidos para una población penitenciaria muchísimo menor que la actual. Las ampliaciones hechas son insuficientes. La aprobación de la Ley que creó el Fondo Nacional para Edificaciones Penitenciarias, al cual podrán adscribirse inmuebles valiosos, centros de reclusión inadecuados, que están en el corazón de las metrópolis, permitirá venderlos y construir con su precio otros amplios y modernos, fuera de las ciudades, aunque para ello haya que superar la posición negativa que algunas poblaciones y hasta algunas autoridades toman contra la construcción de estos institutos en sus cercanías. Se necesitan cárceles, pero nadie quiere tenerlas ni a la distancia. Es una realidad que tenemos que enfrentar.

Rafael Caldera en el Barrio El Limón, 1995.
Visita del presidente Rafael Caldera al barrio El Limón, 20 de agosto de 1995.

Superar la crisis

En medio de no pocos hechos que deben generar optimismo, la población está sufriendo sobre todo por el alza en el costo de la vida. La inflación ha venido a convertirse en la pesadilla más perturbadora en los hogares, principalmente en los que disponen de escasos recursos. Y tenemos que reconocer que la lucha contra la inflación, en la cual se han ensayado vanamente diferentes remedios, con resultados modestos, requiere determinaciones que llevan consigo una inevitable dosis de malestar, pero que son indispensables para recobrar la confianza del país en sí mismo, que observadores extranjeros imparciales están convencidos de que disponemos de todas las condiciones para lograr.

Hemos repetido hasta el cansancio que tenemos recursos naturales y humanos para superar la crisis. Nuestra economía nos provee de un ingreso seguro en divisas para satisfacer sobradamente las necesidades reales de nuestra vida normal y para un razonable y seguro crecimiento. Somos uno de los países que tienen un balance positivo en sus transacciones comerciales y en su balanza de pagos. El mercado de nuestro principal producto de exportación, el petróleo, ha mejorado moderadamente, y las perspectivas son halagadoras para los primeros años del siglo XXI.

El déficit fiscal, que es consecuencia de errores y faltas en que se incurrió a lo largo de unos cuantos años es señalado como el primer factor de inflación. Tenemos, pues, que enfrentarlo y hacer que el déficit sea manejable. Hay una parte rígida, que nos hace más ardua la tarea: la deuda externa, que para honrar los compromisos del país va convirtiéndose, querámoslo o no, en causa de nuevas obligaciones.

Para reducir el déficit fiscal a magnitudes manejables hay que realizar un gran esfuerzo, un serio esfuerzo, un doloroso esfuerzo, que no podemos eludir si queremos –como tenemos que querer- superar definitivamente la crisis y cortarle la cabeza a la hidra de la inflación.

Y aquí volvemos necesariamente al planteamiento inicial. El esfuerzo que tenemos que hacer hemos de hacerlo todos: Ejecutivo, Congreso, Corte Suprema y Tribunales, PDVSA, Banco Central, Universidades. Y hacerlo ya. No hay escape. Estoy dispuesto, como lo he dicho una y mil veces, a asumir plenamente mis responsabilidades. Gústeme o no me guste, debo echar sobre mis hombros esa carga, pues lo dispuso la voluntad del pueblo el 5 de diciembre de 1993. Pero es necesario que el Congreso no niegue su respaldo a las medidas que es indispensable tomar; y que la sociedad civil, en todos sus estratos, se disponga a aceptar cada uno su cuota que, aseguro, será aliviada en toda la medida posible, sobre todo para aquellos que están en situación más desfavorable para soportarlas.

Las nuevas medidas y la Agenda Venezuela

Muchos indicadores señalan que existe una fuerte corriente interna a favor de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Sin menospreciar la cuantificación de lo que este acuerdo pueda significar en términos monetarios, lo que más importa es liberar inversionistas nativos y foráneos de las prevenciones a que las circunstancias y una tramada propaganda adversa los ha podido conducir. Yo ordené posponer la próxima ronda de conversaciones para asegurarme de que las perspectivas, especialmente fiscales, que podemos presentar, no corren el riesgo de quedarse en el aire por falta de apoyo de los sectores a los que corresponde respaldarlos. El compromiso ha de ser de todos y el Gobierno no eludirá su responsabilidad, porque considera que por la forma como se han llevado las conversaciones el resultado será beneficioso para el país.

Las medidas incluyen la aprobación de nuevos tributos. El Impuesto General al Consumo Suntuario y Ventas al Mayor tiene que aumentarse. Un impuesto temporal sobre las transacciones financieras sería una medida transitoria, que durante unos pocos meses completaría el ingreso previsto, llenando el rubro que correspondería al aumento del precio de la gasolina, que ha sido el tema más debatido y que es ya imposible aplazar. Solicito formalmente al Congreso revisar los planteamientos sobre este impuesto, de breve duración pero de necesidad.

En cuanto al precio de la gasolina, dijimos siempre que este tema debía considerarse, no sólo en el aspecto meramente económico, sino en su contexto social. Tenemos que admitir que si todos los bienes y servicios han aumentado su precio considerablemente, no habría razones matemáticas para que el de la gasolina no hubiera aumentado ya. Pero no queremos que su encarecimiento sea un factor más del aumento del precio del transporte colectivo, de quienes andan en autobús y otros modestos vehículos automotores.

Para el transporte colectivo estudia PDVSA un subsidio directo, de carácter compensatorio, para el cual se prepara, con la mayor rapidez posible, el Registro Automotor, a fin de que permita precisar los beneficiarios del subsidio. Y se adelanta el proyecto del gas, que no ha sido aprovechado con suficiente interés por los usuarios porque la actual diferencia de precios no los estimula a cambiar.

Dentro de pocos días, al estar terminado el Registro Automotor y completado el programa de subsidios, se hará el reajuste al precio de la gasolina.

Dios sabe cuánto me ha costado esta decisión; pero, como lo expresé antes, estoy dispuesto a tomar toda medida que sea necesaria para ofrecerle al país el final de su crisis. Por otra parte, tengo empeño en que se modernice y mejore sustancialmente el transporte colectivo y hay ofrecimiento de organismos financieros internacionales para ayudarnos en esta tarea.

Las otras medidas especificadas en la Agenda Venezuela, dentro del proyecto de un Nuevo País, diseñado en el Noveno Plan de la Nación, estamos decididos a adoptarlas, haya o no acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. El cronograma de privatizaciones se cumplirá rigurosamente. Esas medidas forman un todo coherente. Pido que se examinen en conjunto para verificar lo cierto de esta afirmación. Una de ellas, la liberación del régimen cambiario, es indispensable. Cuando los hechos nos forzaron a establecer el control de cambios, nos propusimos que sería transitorio, y así lo anunciamos. Sabemos que medidas como esa, una vez establecidas, no es fácil desmontarlas. Pero lo vamos a hacer, tomando, eso sí, las precauciones para evitar que una ola especulativa, injustificada pero real, vuelva a descomponer el mercado cambiario en condiciones inaceptables para la nación. Un factor es el de que las reservas internacionales se han recuperado y están a niveles aceptables, y que el precio del petróleo se mantiene fluctuando por encima del que tenía cuando empezó este período constitucional. Otro es la disposición al diálogo por parte de los líderes de la actividad económica y las Cámaras empresariales para comprometer una conducta que no entorpezca esta acción.

El aumento de los ingresos es, como he dicho, fundamental. Por primera vez, además, el país ha visto con seriedad el problema de la evasión fiscal y la necesidad de adoptar un sistema moderno de recaudación. No podemos tolerar que se sigan escapando grandes cantidades que son del pueblo, a favor de quienes disfrutan de gran bienestar. A este respecto debo anotar la reacción favorable del país al SENIAT (Superintendencia de Administración Tributaria) en cuyo continuado desarrollo tenemos fundadas esperanzas.

El otro aspecto indispensable para enfrentar el déficit fiscal es la contracción del gasto público. Sobre este punto hay que hacer un empeño muy grande, para que haya la debida comprensión. He sido toda mi vida un luchador por la justicia social y he dedicado gran parte de ella a la buena causa de los trabajadores. Nada me duele más que estar obligado, como Administrador de la Hacienda Pública Nacional, a explicar que los aumentos de remuneración, en la magnitud a que aspiran los servidores públicos, es incompatible con el compromiso de reducir el déficit fiscal, y se convertiría en ilusorio, por la falta de posibilidades en el presupuesto y por el aumento de la presión inflacionaria, con fatales consecuencias. De todos modos, se llegará hasta donde sea materialmente posible y a tal efecto se ha destinado el máximo porcentaje del gasto a mejorar el ingreso de los servidores públicos.

En cuanto al tema de las prestaciones sociales, tengo más cerca que nunca la convicción de que una solución conveniente a los trabajadores es viable. Estoy cumpliendo 60 años de haber sido designado subdirector de la entonces creada Oficina Nacional del Trabajo y, como tal, co-redactor de la Ley del Trabajo de 1936. Y en mi condición de Senador Vitalicio luché contra viento y marea durante varios años para que se adoptara la Ley Orgánica del Trabajo. Esta última ley dejó abierta una puerta para la adopción de un nuevo régimen de prestaciones sociales, si así conviniera a la causa de los trabajadores y al beneficio del país. En el momento actual, esta puerta debemos y podemos traspasarla con dignidad y con provecho, convencidos de que este asunto no admite ya más dilaciones.

Alicia Pietri de Caldera, Un cariño para mi ciudad.
La primera dama, Alicia Pietri, promovió el programa «Un cariño para mi ciudad», el cual rescató durante el quinquenio más de 370 espacios en Caracas.

Ciudadanos Senadores:

Ciudadanos Diputados:

Se ha dicho con insistencia en estos días que el país está pendiente de las definiciones que yo haga hoy en este Mensaje. Las definiciones son claras. La Agenda Venezuela ha sido aceptada como una posición propia, adoptada incluso para las conversaciones con el Fondo Monetario Internacional. Los inversionistas nativos y foráneos pueden contar con plena seguridad jurídica como corresponde a nuestro Estado democrático.

Esa Agenda requiere decisiones, y estoy dispuesto a tomarlas. Todas son un conjunto. Las que no puedan ser simultáneas serán sucesivas pero en muy breve lapso. Al final de mi vida, con el respaldo de una larga carrera política al servicio de los mejores intereses de Venezuela, estoy convencido de que me toca pagar el alto precio de haber asumido el papel de piloto de una nave que navega en aguas turbulentas, con grietas, a las que se habían suprimido muchas condiciones necesarias para su conducción, y a la que todavía a veces se le niegan facilidades indispensables.

Sabía bien que no sería suave la tarea, aunque, la verdad sea dicha, , nadie imaginaba que el deterioro había llegado al grado en que se encontró ni previó hechos como la espantosa crisis del sistema bancario, cuyos efectos en ningún país del mundo podían eliminarse en uno o dos años solamente. Pero también estoy convencido, señores miembros del Congreso, de que el país está pendiente de ustedes. De la actitud que ustedes adopten dependerá en alto grado la posibilidad más cercana de superar definitivamente la crisis.

Han dicho los voceros autorizados de las Cámaras que tienen la preocupación de realizar la reforma del sistema electoral y la que reclama, para el bien del país y de la propia Administración de Justicia, el régimen de los tribunales. Esas preocupaciones las comparto. Sigo, además, confiado en que no se abandone la idea de la Reforma Constitucional. Su necesidad es evidente. Pero la primera prioridad, la mayor urgencia, es una demostración clara de que hay la voluntad de aprobar las medidas que se le exigen al Gobierno, y que el Gobierno está dispuesto a tomar, cueste lo que cueste, para sacar al país del atolladero de la inflación.

La recuperación de la confianza del pueblo en las instituciones pasa indefectiblemente por las medidas que se adopten para recuperar la estabilidad plena de la economía y abrir el mayor campo a la producción y a la productividad.

Retomar el rumbo

Debemos superar afirmativamente la cuestión de la gobernabilidad de la democracia. Un gobierno que gobierne, un Congreso que le dé los instrumentos necesarios para vencer la crisis; una administración de justicia que no entrabe la labor de la Administración y una sociedad civil integrada en el objetivo solidario de rescatar la economía nacional.

Quiero recordar que en el acto de toma de posesión frente a estas mismas Cámaras definí la visión que tengo de la acción del gobierno en relación con la Venezuela del futuro y dije textualmente: «El objetivo de este compromiso de solidaridad es alcanzar una economía competitiva y moderna… donde la economía privada sea el motor del crecimiento y comience a asumir parte de la responsabilidad social que hasta ahora ha descansado sobre el Estado y la economía petrolera…».

Hoy, cuando hemos logrado la estabilidad política del país y la estabilización del sector financiero, quiero ratificar la validez de esa visión y afirmar que están dadas las condiciones para retomar el rumbo.

Tengo fe en que este año de prueba nos conducirá a un futuro con amplios horizontes, como le corresponden a nuestra patria por su propia índole y por las características con que la dotó la Providencia.

El rumbo estará afianzado por el apoyo de los organismos multilaterales para lograr la estabilización de la economía por el incremento del gasto social con el financiamiento ampliado del BID y del Banco Mundial; por los cambios cualitativos en la composición del gasto público para elevar los gastos de inversión; por el mantenimiento de una férrea disciplina fiscal; por reglas claras del juego para los inversionistas extranjeros y nacionales que se convertirán en las bases del círculo virtuoso para el crecimiento económico acelerado; por un programa, una vez abatida la inflación y resuelto el problema de las prestaciones sociales, de mejora permanente del poder adquisitivo de los trabajadores.

El anuncio de dialogar fue acogido con satisfacción. Y en efecto, hemos dialogado continuamente con los representantes de las fracciones parlamentarias y de las fuerzas económicas y laborales. Hagamos del diálogo y de la voluntad común de salvar el país, que es lo que a todos nos interesa, la norma de nuestra conducta.

Estoy resteado en esta lucha por Venezuela. Que es también una lucha por los ideales que ha sustentado América Latina en su difícil marcha hacia un desarrollo económico con justicia social, una lucha que armonice las exigencias de la globalidad con el fortalecimiento de la propia identidad. Venezuela, para muchos, es punto de referencia en esta hora de nuestro Continente.

Para el final de 1996, la inflación estará bajo control. El despegue de la actividad económica será indetenible. Se trata de nuestro destino. No hay otra alternativa. Lo que se está jugando es Venezuela.

 

Ciudadanos Senadores.

Ciudadanos Diputados.