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Agradecimiento de la familia Caldera

Tengo el honor de agradecer en nombre de la familia Caldera, especialmente en el de mi madre, Alicia Pietri de Caldera, las numerosas manifestaciones que hemos recibido de compatriotas venezolanos y amigos extranjeros, con motivo de la despedida de este mundo de nuestro padre y líder … Leer mas

Despedida de Rafael Caldera

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Mensaje al pueblo de Venezuela

1) Al término de una extensa parábola vital, puedo decir que he sido un luchador … Leer mas

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Agradecimiento de la familia

Agradecimiento de la familia

Agradecimiento de la familia Caldera

Tengo el honor de agradecer en nombre de la familia Caldera, especialmente en el de mi madre, Alicia Pietri de Caldera, las numerosas manifestaciones que hemos recibido de compatriotas venezolanos y amigos extranjeros, con motivo de la despedida de este mundo de nuestro padre y líder.

Especialmente quiero agradecer a Eduardo Fernández y todo el equipo del IFEDEC, María de Guzmán y su hija Lucía, Virginia Rivero, Williams López y Enrique Mendoza por el apoyo prestado en la realización de las exequias; a Asdrúbal Aguiar, su Eminencia el Cardenal Jorge Urosa, sus Excelencias los Obispos Ovidio Pérez Morales, Nicolás Bermúdez y Fernando Castro, al padre Ignacio Castillo S.J. y a este coro de jóvenes, orgullo y esperanza de Venezuela, que seguidamente entonarán el himno nacional, para rendirle los honores que le corresponden como Jefe de Estado.

Rafael Caldera amó a Dios y amó a Venezuela.

Si hay algo que lo distinguió desde muy joven fue su profunda fe en la Providencia. No una fe "beatucona y rezandera" - como nos dijo a los graduandos del Colegio San Ignacio en el año 71 - sino una fe sólida y robusta, propiciada por sus maestros jesuitas, que no dio, en sus noventa y tres años de vida, tregua a la lucha ni lugar a la cobardía. Su fe fue del mismo tamaño de la fortaleza de su carácter y de su tenacidad indoblegable. "Dios es mas grande que un chaguaramo" - repetía con frecuencia.

Fue ahora, al final de su vida, que la enfermedad incurable del Parkinson lo llevó a mantener un reposo obligado, después de una vida de incesante trabajo, sin vacaciones, cuyo único disfrute era escaparse en los viajes, que realizaba siempre en ocasión de conferencias y seminarios, a conocer nuevos lugares y admirarse con las maravillas del mundo o cuando podía sumergirse en los días santos en la belleza de la Gran Sabana.

Desde muy joven adhirió el pensamiento social de la Iglesia y ya a los veinte años estaba redactando la que habría de ser la primera ley que protegería a los trabajadores venezolanos, con los que fue consecuente y solidario después, toda su vida, como universitario, académico, político o legislador.

Los postulados de las Encíclicas Papales lo llevaron a una vida de servicio en la política, lejos del afán de acumular riquezas, dando el testimonio de un cristiano entregado a su pueblo, comprometido con la esperanza de los grandes sectores populares.

Su permanente defensa, por lo demás, del concepto de justicia social internacional, que lo desarrolló él mismo a partir del principio de justicia social, lo llevaría a exponerlo en los mas importantes escenarios del mundo, lo cual reconocería Su Santidad Juan Pablo II al distinguirlo como orador central en el Vaticano, en la conmemoración de los veinte años de la Encíclica Populorum Progressio.

Pero su amor a Dios fue de la mano con su amor a Venezuela.

Así como dio en su vida el testimonio de un católico al servicio de la política, también dio el testimonio de haber sido un venezolano integral, "hecho cien por ciento en Venezuela" - como él solía decir - , que si llegó a hablar varios idiomas y recibir Profesorados y Doctorados Honoris Causa de mas de cuarenta Universidades en el mundo, lo hizo sin haber vivido nunca fuera de Venezuela.

Recorrió la geografía venezolana de norte a sur y de este a oeste, varias veces y conocía sus mas pequeños rincones, donde recordaba a la gente por su nombre y apellido, haciendo sentir cercanos a sus seguidores y colaboradores.

A lo largo de mi vida siempre me he encontrado a gente que me preguntaban por él con cariño, que lo recuerdan con mucho afecto y que testimonian su presencia en los momentos fundamentales de miles de familias venezolanas. "Tu papá estuvo en el entierro de mi padre" o "llamaba a mi abuela en el día de su cumpleaños" o "siempre recibíamos en casa su tarjeta de Navidad" o "que linda la carta que nos escribió con motivo de la muerte de mi mamá…".

Detallista, minucioso, cumplido, sin permitirse a sí mismo dejar una carta o una llamada sin respuesta, él supo siempre corresponder con puntualidad el afecto y la solidaridad que tantos venezolanos le demostraron en su vida.

El quiso para Venezuela la "República Civil", como acertadamente se ha llamado a los cuarenta años contados a partir del Pacto de Puntofijo..
Luchó por y fue fiel a la creación y sostenimiento de un Estado de Derecho, respetuoso de las Instituciones y las libertades ciudadanas.

Le correspondió gobernar dos veces en minoría parlamentaria y con bajos precios de petróleo, "cachicamo trabaja pa' lapa" - decía - y dio siempre testimonio de tolerancia y capacidad para el diálogo, de sujeción a las normas y respeto al adversario.

En el año de 1.994, cuando el país hubiera aceptado, porque lo pedía, que diera un "Calderazo", al estilo peruano de Fujimori, y convocara a elecciones para elegir un nuevo Congreso que le permitiera gobernar con mayoría, se negó por ser contrario a sus principios y a su posición de toda la vida.

Luego, en 1.999, quizás pocos recuerden que su voz se alzó para oponerse al referéndum convocante a la Constituyente, por considerarlo violatorio de la Constitución del 61, al no tener ésta previsto ese procedimiento y obligando a su previa reforma para poder dar ese paso.

Dentro de la más absoluta legalidad procedió como Presidente a tomar las acciones para la pacificación civil del país en su primer Gobierno y para la pacificación militar en el segundo.

Para él, como a aquellos que conocieron de sus padres y maestros los horrores de la guerra, no hubo aspiración mayor que la paz, civil y militar, para el pueblo venezolano, como camino para encontrar el desarrollo y la justicia, en estabilidad y concordia.

Ejerció con dignidad y firmeza la jefatura de las Fuerzas Armadas y propició la elevación de su capacidad y preparación, pero manteniendo siempre su condición de apolíticas y no deliberantes, sujetas al orden constitucional y no al servicio de una persona o parcialidad política.

El confió en la madurez democrática del pueblo venezolano y, sin embargo, adelantándose a lo que podría ser la decisión presidencial del año 98, propuso que se realizara un debate sobre los 40 años de democracia. Quería que el país analizara a fondo, en sus mas variados círculos sociales, los logros y errores de la etapa mas larga de gobierno civil y democrático en la historia republicana, ante los candidatos de corte antipolítica o antisistema que parecían estar seduciendo al electorado y deslumbrándolo con ilusiones utópicas.

El país no escuchó su propuesta y tomó su decisión libre y democráticamente sin meditar en lo que sería la vuelta a los caudillos mesiánicos, de los cuales está llena de esperanzas perdidas nuestra historia.

Pienso que esta vez, después de la dolorosa experiencia sufrida, hayamos aprendido definitivamente la lección.

Si hay algo que caracterizó en toda su vida la actuación de Rafael Caldera, y pueden asegurarlo incluso quienes fueron afectados negativamente alguna vez por sus decisiones, es que, si pudo equivocarse, siempre las adoptó en función de lo que él consideró conveniente para los intereses del país, lejos de pasiones o intereses secundarios o mezquinos.

"Las manos limpias de Rafael Caldera" dieron testimonio de probidad y honradez en el manejo de los asuntos públicos. Ante esta etapa de nuestra vida republicana, en que parecen haberse arriado las banderas de la ética, la transparencia y la rendición de cuentas, este testimonio cuenta todavía más.
La historia le hará justicia, cuando amengüen las pasiones de esta hora difícil de nuestra Patria.

Dos veces electo Presidente por la voluntad del pueblo, este civil por excelencia, profesor universitario, académico, jurista y político, regresó a su casa "Tinajero", después de haber ejercido el poder, a su misma vida de siempre, al lado de su adorada Alicia, con quien compartió más de sesenta y ocho años de matrimonio, llevando una existencia plena y prolífica, vivida con el espíritu de lucha y el optimismo de un adolescente, hasta que la enfermedad incurable logró doblegar poco a poco y no sin facilitad, su voluntad de hierro.

Querido papá:
No termino estas palabras con el consabido "descanse en paz", porque sé que si bien tus restos encuentran hoy en la tierra venezolana que tanto amaste el descanso de la larga agonía que sin el menor asomo de queja o protesta llevaste estos últimos años, tu espíritu, que ya voló a la eternidad, continuará infatigable, al lado de la mayoría de este pueblo venezolano que rechaza la vía del pensamiento único y de un modelo político fracasado, ayudando a encontrar el camino eficaz para la defensa de las libertades conquistadas y a las que se acostumbró a vivir en esos cuarenta años transcurridos a partir del Pacto de Puntofijo y por los que entregaste tu vida, como otros líderes venezolanos íntegros, con la sinceridad nacida de lo que fue para ti "un compromiso para toda la vida".

Mil gracias nuevamente a todos y cada uno de ustedes. Para toda la familia Caldera su presencia y solidaridad es invalorable.

Andrés Caldera Pietri

 
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