

Valencia, 12 de marzo de 1991
Sr. Dr.
Rafael Caldera Rodríguez
CARACAS
Mi muy estimado y querido Presidente:
He recibido su amable y muy apreciada carta con la que me envía algunas consideraciones que ha formulado a detalles de expresiones del texto de la Misa en idioma castellano. Me parecen observaciones muy atinentes y estoy plenamente de acuerdo con la que se refiere al Credo. Aunque sea efecto de lectura podía haberse evitado con una locución más precisa. Para mí mucho más grave es lo anterior: “de la misma naturaleza que el Padre”. No se quiso poner el “consustancial”, porque decían esa palabra no la entendían, y pusieron esa expresión que nos introduce un arrianismo lavado. “La misma naturaleza” es muy ambiguo: todos los hombres tenemos la misma naturaleza; el Padre y el Hijo tienen la misma única naturaleza divina. En la Reunión que se tuvo en Bogotá, durante el Congreso Eucarístico de Bogotá, de las Comisiones Litúrgicas de toda América Latina. Pero no hicieron caso.
Otra grave ambigüedad está en la epiclesis de la Segunda Anáfora; inmediatamente antes de la Consagración pedimos al Padre que santifique “estos dones con la efusión de tu Espíritu DE MANERA QUE SEAN PARA NOSOTROS Cuerpo y Sangre de Jesucristo…” (Mayúsculas mías). En castellano, “Sean para nosotros” que nosotros las tengamos como tales, sin que haya habido una real transubstanciación. Con las teorías nuevas de algunos teólogos de la “transignificación” o “transfinalización”, condenadas por Pablo VI, pero que siguen corriendo, las palabras de la 2ª anáfora pueden tomar muy bien el sentido erróneo, si no herético, de esos autores. Así lo escribí a Roma; pero Mons. Noe, que era el factótum de la Congregación del Culto Divino, no me hizo caso.
Lo del Sanctus me parece muy atinado.
Lo difícil de todo esto es que se logre un cambio; cuando empezó a entrar en vigor la nueva traducción castellana, obligatoria para todos los de habla española; traducción discutida y acordada por todas las Comisiones litúrgicas de España y América Española y aprobada por la Santa Sede.
Muchísimas gracias por su confianza y estima que me demuestra.
Reciba un afectuoso abrazo que le lleve toda la estima y el cariño de mi amistad.
Afectísimo en Cristo