

Madrid, 5 de noviembre de 1997
Mi querido Presidente:
Decididamente, la Cumbre de Margarita es la más importante de las que se han celebrado. Las otras fueron como las famosas «Fallas de Valencia», maravillosas esculturas de cartón que preparan durante un año, sólo para quemarlas el día de San José. Además, la mal afamada SIP ha contribuido, con sus declaraciones histéricas, a llamar la atención sobre lo que pasará en Margarita. «Last but not least» el fantasma de la situación cubana no ha dejado de asomarse.
En varias conferencias que me ha tocado dar con motivo de la Cumbre y, particularmente, en una intervención que me pidió la Comisión de Iberoamérica del Senado español, me he permitido ser más bien agresivo, recordando que los grandes «defensores de la libertad de prensa» desde la SIP, no son otra cosa que los únicos comerciantes cuya actividad no está regulada, particularmente en Venezuela. Insistí en que en esto no se trata de la libertad de expresión sino de la administración de la libertad de comercio. Y que los mismos periódicos que hoy se rasgan las vestiduras en la SIP, eran los que seguían llenándose de dinero cuando continuaban impertérritos su publicación durante las dictaduras de Pérez Jiménez, Somoza, Perón, etc., etc.. Es más, el portavoz actual de la SIP no es otro que el sucesor de Jules Dubois, de infame memoria por sus servicios a Rafael Leonidas. La cosa es más que falsa, irónica, les dije. Atacan al Presidente Caldera, que cuando ellos seguían publicando, él estaba preso precisamente por defender la libertad de expresión.
Fue muy acertada tu diferencia entre opinión y noticia. Allí está la raíz de la cosa. Es contraria a toda ética la práctica de mezclar la una con la otra, como diariamente y del modo más atolondrado lo hacen esas muchachitas de la televisión que editorializan hasta cuando ven un hueco en la calle.
Perdóname estas explosiones de ira que apenas he podido disimular durante mis conferencias, pero es que no olvido lo que hicieron los «Medios» cuando prácticamente obligaron a detener la Reforma Constitucional, en contra de mi voluntad, por cierto.
A todas estas me preocupa lo melochudo y prolijo del proyecto de declaración final. No sé si sería posible que, en vez de hacer una sola declaración hubiera varias; o una sola declaración solemne, casi como un manifiesto, seguida de resoluciones subsidiarias y separadas, como usualmente salen en otras reuniones internacionales.
Te ruego me excuses mi pretensión de hacer unos comentarios que sin duda ya habrán ocurrido; pero creo que es el momento de no dejarnos amedrentar por las jauría de los vendedores de papel impreso.
Te abraza tu afectísimo,
(fmdo. Enrique Tejera París)
Embajador