

Muy querido Presidente: Esta noche regresé de Miami y lo primero que quiero hacer es escribirle estas líneas, que les llevan a usted y a los suyos mi más sincera palabra de solidaridad y aliento. Usted, pese a las mezquindades que ha sufrido, ha tenido momentos de gran satisfacción por el reconocimiento de sus compatriotas, que lo ven como uno de los padres de la democracia venezolana y además, usted tiene grandeza suficiente para saber que a los hombres de su talla a veces los golpea el destino pero no se doblegan. Recuerde simplemente el tiempo del «Desierto» del gran político de Colombey-les-deux-Eglises o la post-guerra de Churchill. En tiempos como esos, la ganga se aparta, pero tras ella aparecen minerales nobles, que reconfortan a los espíritus grandes. Reciba un abrazo de su amigo y colaborador de su gobierno que nunca ha dejado de apreciarlo en su inmenso valor,