Roma, 21 de oct., 1962

Querido y recordado Rafael:

Espero te pueda llegar esta felicitación para el 24. Pero por lo menos la santa Misa y oraciones por ti, los tuyos y tus intenciones sí llegarán allá arriba en dicho día. No recuerdo si para esta fecha estarás todavía por Costa Rica. De Alicia también me acordé en esa fecha, que a las damas no les gusta recordar, porque les gusta ser tan espirituales como Dios que no tiene edad.

Nunca sabré agradecerte bastante el bien que me has hecho interesándote por este viaje mío. Ya días conversas con Obispos y párrocos de todo régimen. Es impresionante la fecundidad de la Iglesia, tras la obra misionera, en la jerarquía africana. Solo el ex-Congo belga tiene casi doble episcopado que Venezuela. Nada cabe decir en una carta, de todo esto. Pero en estos días y materia muy interesante de mis pensamientos.

El Concilio ha entrado de lleno en sus tareas. Es ahora la labor de columnas, en cada Comisión. Y cada una de estas, cual pequeños concilios, laboratorios de estudio, es muestra admirable de ecumenismo. Aquí anda visible, en los hechos, el Espíritu Santo, por sobre cualquier pequeñez que los hombres pudieran tener. Para ellos no han aparecido en ninguna forma egoísta; sino —cosa admirable— de un plan de preocupación pastoral y sobrenatural.

El Papa Santo es un gran jefe espiritual; Dios supo escoger su Vicario para tan trascendental Concilio; su inmensa bondad no es bonachonería de anciano; ¡qué va!, es el gran resorte teológico que anima voluntades y las lleva a su fin.

Con los días que llevo aquí, no es sólo ver tanto, tan sagrado y bello, como ofrece Roma; ni sólo la ocasión tan solemne del Concilio; lo que me hace el viaje provechoso; es lo mucho que en pocos días he aprendido en el trato con personalidades de los puntos más disímiles del globo, con quienes descubre uno panoramas que ni sospechaba, en cosas tan esenciales como la vida de la Iglesia, la siembra del Evangelio, y los problemas peculiares dentro de la esencia filosófica y social de las naciones, provincias casi de repente a la vida autónoma e internacional. Qué cosas tan nuevas sobre África e India, por ejemplo, te po—

No sigo, porque esta carta no saldría nunca. Mucho te recuerdo en unión de Alicia y los muchachos, y a María Eva. Mis bendiciones y afectos para todos. Juntales 24.

Te abraza,

(fmdo.) Pedro P. Barnola, S. J.