
Caracas, 21 de septiembre de 2000
Señor
Manuel Caballero
Ciudad.-
Muy estimado amigo:
Me ha producido verdadero agrado la lectura de su libro «La Gestación de Hugo Chávez», que constituye una importante contribución al conocimiento y análisis de la etapa política vivida entre 1958 y 1998, sobre la cual se ha lanzado una catarata de descrédito y de deformaciones, alentadas por la ignorancia y promovidas por la mala fe, la demagogia y el populismo que se han desatado en nuestro país.
Quiero agradecerle especialmente sus honrosas expresiones acerca de mi persona y la honesta intención, visiblemente inspirada por el deseo de apreciar rectamente lo ocurrido, condiciones estas generalmente ausentes en la literatura de nuestros días.
Como Ud. recuerda, tuvimos dos veces la ocasión de charlar, lo que para mí fue motivo de sincera complacencia. Es cierto que no hablamos de política, sino de historia, pero pienso que sería tal vez oportuno realizar, en cualquiera de los días venideros, un tercer encuentro, sin hablar de política (si eso es posible), pero por lo menos de historia política de Venezuela.
La caudalosa verborrea del Presidente actual y su deseo de acomodar la historia a sus conveniencias, cultivando lo que me atrevo a llamar «historia-ficción», ha estimulado, como respuesta, un mayor interés de las nuevas generaciones por conocer la real y verdadera historia de nuestro país. Usted está haciendo un valioso esfuerzo por satisfacer esa inquietud. Yo me siento obligado también a ello, en la medida que me corresponde. Comparto la responsabilidad de un buen trecho de la existencia de nuestra dolida Venezuela y no pienso eludirla, sino más bien proclamarla cada vez que sea necesario.
En espera de sus noticias y reafirmándole la seguridad de mi admiración y amistad, me suscribo,
Cordialmente,