Alicia Pietri de Caldera [1923-2011]
Elvia Gómez | El Universal
jueves 10 de febrero de 2011
Los espíritus infantiles están de luto. No son pocos los venezolanos que inevitablemente asociarán el nombre de Alicia Pietri de Caldera (1923-2011) con algunos de sus mejores recuerdos de la infancia.
Esto le sucede a los que se escolarizaron durante el primer Gobierno de Rafael Caldera (1969-74) y se beneficiaron del Plan Vacacional que impulsó La Fundación del Niño y que llevó a pequeños de pocos recursos de un extremo a otro del país. Miles disfrutaron del Festival del Niño y compartieron en los salones de las escuelas públicas esos libros-tesoro llamados «Páginas para Imaginar», en los que se colaban lecciones sobre ambiente y conservación. También se quedaron embelesados ante la TV viendo «Sopotocientos».
Mucho después, otras generaciones se recrearon y educaron en esa obra inédita en su tipo como fue «El Museo de los Niños», que colocó los fenómenos de la naturaleza al alcance de la mano, al punto de poner, literalmente, los pelos de punta en uno de los experimentos más demandados por los chiquillos y hasta por sus padres.
Ayer, el espíritu creador de todos esos proyectos y muchos otros, quien permitió que infantes que nunca habían visto el mar probaran su sabor, abandonó este mundo. Alicia Pietri Montemayor, viuda del dos veces Presidente de la República, Rafael Caldera (1916-2009), falleció empezando el día, a los 87 años de edad. Casada antes de cumplir los 17 años, fue reacia al título de «Primera Dama». Dijo en alguna oportunidad que prefería el de «esposa del Presidente», a quien calificó como «un gran hombre», pero sobre quien también admitió su terquedad.
Con una infancia privilegiada, rodeada de lujos y corrección, con una educación inigualable en idiomas, arte y deportes, Doña Alicia, como siempre se le conoció, aprovechó esas ventajas en beneficio del país. Su preocupación por la infancia fue central en las tareas públicas y privadas. La educación, la salud y la recreación dirigida de los menores mantuvieron su mente ocupada.
En su matrimonio procreó seis hijos (tres mujeres y tres hombres), conoció nietos y bisnietos. De talante discreto, Doña Alicia cumplió sus labores de Estado con eficiencia, pero evitando siempre ser el centro de atención. Viajó a acompañar a su esposo lo estrictamente necesario. Siempre vestida con sobriedad y con un estilo atemporal, no escatimó sonrisas en sus apariciones públicas.
La segunda Presidencia la asumió con resignación. La Fundación del Niño la recibió de Ligia Betancourt de Velásquez, esposa del Presidente Ramón J. Velásquez (1993-94).
En esa época no tardaron en profundizarse los problemas articulares que le ocasionaron a Doña Alicia dolores y limitaciones en su movilidad. Sin embargo, otra vez Primera Dama (1994-99), se dedicó a las obras de recuperación, mantenimiento y ornato. El plan «Un cariño para mi ciudad» y otros planes de rescate y conservación de parques trajeron aires frescos a esa generación.
Junto con la recuperación de «La Esfera» de Jesús Soto, chaguaramos, cedros y samanes fueron plantados en numerosas plazas, con el respaldo de la empresa privada, acicateada por el espíritu de Doña Alicia, siempre persiguiendo el orden y la pulcritud. Así, recuperó el esplendor de La Casona y le dio el mismo cariño que a su casa de habitación de siempre, «Tinajero», en donde pasó los últimos años, resguardada por la reserva y prudencia de sus allegados, que la protegieron en su desmemoria, ese mal que hoy sume al país en el caos.