1949. Valencia. Están Edecio La Riva Araujo y Jorge Rodríguez Díaz.

Rafael Caldera junto a Edecio La Riva Araujo y Jorge Rodríguez Díaz. Valencia, 1949.

Comunicado ante el golpe del 24 de Noviembre de 1948*

Comité Nacional del Partido Socialcristiano Copei

2 de diciembre de 1948

Analizada con detenimiento la situación establecida en la República por la acción militar del 24 de noviembre pasado, el Comité Nacional de COPEI considera de su deber fijar ante la opinión pública sus puntos de vista acerca de esta histórica coyuntura. Tres años de lucha sin tregua por los ideales de la justicia y de la paz sociales han hecho de COPEI el grupo político más sólidamente organizado y de mayor ascendiente popular, y ello lo obliga a definir una actitud ante el hecho que lanzó del poder al gobierno hegemónico del Partido «Acción Democrática».

Durante estos tres años, en medio de un combate ardoroso, COPEI no dejó un solo instante de señalar a «Acción Democrática» las desastrosas consecuencias a las que había necesariamente de conducirle una política sectaria, orientada por el exclusivismo y la ambición de grupo, dirigida por una caprichosa voluntad que hizo de la arbitrariedad sistema de gobierno. Llegada al Poder entre solemnes compromisos, Acción Democrática tuvo poco reparo en cumplirlos. Ofreció, al constituirse el Gobierno Provisional surgido en octubre de 1945, «garantizar unas elecciones libérrimas, sin imposición ni parcialización ejecutivista por ninguna de las corrientes políticas en pugna», y la conciencia nacional sabe plenamente cómo se utilizaron sin escrúpulo los resortes del poder para imponer el triunfo de las candidaturas oficiales. COPEI pudo comprobar en documentos oficiales cómo se hizo uso de los dineros del pueblo venezolano para fines electoreros, y ante aquella comprobación patente, ni siquiera un gesto pudoroso tuvieron quienes estaban obligados a depurar mediante un proceso insospechable el poder que obtuvieron de una acción militar contra los vicios del régimen anterior.

Dictada una Constitución que, al lado de innegables medidas progresistas, contenía disposiciones de un interés parcial, no se tuvo escrúpulo en violar aquellas, casi en los mismos momentos de su nacimiento. La seguridad personal y la libertad de tránsito, fueron irrisorias cada vez que el régimen se consideró interesado en contar las de algunas personas; fue un hecho generalmente conocido la violación sistemática de la correspondencia particular y de las comunicaciones telefónicas; las empresas de radiodifusión se vieron objeto de maniobras diversas, basadas en las omnímodas facultades del Ministerio de Comunicaciones, tendientes a atemorizarlas para que no se trasmitieran los programas políticos de oposición o crítica; la discriminación política fue haciéndose cada vez más implacable hasta en las más modestas ocupaciones al servicio de los entes públicos y, en general, un ambiente enrarecido iba privando cada vez más en la vida nacional.

La tendencia hacia el exclusivismo, lejos de amenguar fue aumentando en todas las manifestaciones del gobierno, aún después de la vuelta al orden constitucional. En muchas ocasiones hasta en lugares donde se demostró palmariamente que la oposición estaba asistida por una abrumadora mayoría popular que no pudieron desvirtuar el atropello, la amenaza o el halago, sólo la presencia de las Fuerzas Armadas Militares o de las Fuerzas Armadas de Cooperación pudo garantizar el derecho a la libre expresión del pensamiento político y a la libre manifestación, amenazados por grupos empujados desde las alturas del mando. Y no satisfecha la fracción, preparó el aseguramiento definitivo del poder militar en sus manos, a través de la anticonstitucional Ley de Organización Provisional del Servicio de Policía, la organización de milicias irregulares y la distribución en gran escala de armas a los cuadros del partido, con el visible objeto de arrasar toda traba constitucional y suplantar con fines partidistas la Institución Armada de la República.

En el campo administrativo, el gobierno de Acción Democrática se hizo sentir por su ineptitud y por su vocación al despilfarro. La fronda burocrática, objeto de sus mejores ataques desde la oposición, proliferó de manera increíble. Y ante la decidida actitud por parte de la oposición, de investigar a fondo el manejo de los caudales públicos, se optó por imponer en los cuerpos legislativos sistemas tendientes a impedir la verificación y examen preciso de las cuentas.

Dentro de lo social, pese a circunstanciales protestas de defensa de la paz social, el régimen se caracterizó por una siembra constante de odios para dividir la familia venezolana. El origen comunista de los principales dirigentes del Partido, se reflejó en la continua propaganda de la división y del odio social. Una crisis profunda en el terreno de la producción se hizo sentir cada vez más, a pesar de los pomposos planes de fomento, en razón de la intranquilidad social, repercutiendo en la elevación del costo de la vida y concluyendo por hacer ilusorias las ventajas adquiridas por los trabajadores.

La calumnia, el insulto, fueron el arma constante de los agentes oficiosos. La administración de justicia fue integrada con el espíritu de hacerla progresivamente un instrumento partidista. Mientras para la exportación se utilizaban frases hermosas sobre la estructura democrática del régimen, cada vez corría más en el interior del país la voz de que en Venezuela no se haría otra cosa de lo que voluntariamente quisiera Acción Democrática. Era frase corriente entre ellos, la de que sólo «a plomo» dejarían el mando. Por boca de su más alto personero se afirmó que la voluntad de Acción Democrática podría decidir en cualquier momento la total paralización de la vida nacional: ni una sola polea se movería, ni una gota de petróleo sería extraída del subsuelo, ni un camión de transporte funcionaría si no lo quisiera Acción Democrática. El ilustre escritor llevado a la Presidencia de la República, no fue capaz de ejercer sus atribuciones constitucionales y se subordinó definitivamente a la voluntad hegemónica del Partido, dejándose llevar al desconocimiento de la más solemnes promesas y a la violación de las normas establecidas en la misma Constitución. El 18 de octubre de 1948, en presencia de un mitin partidista, organizado con la cooperación de Despacho oficiales, fue coronada con una intervención que le exhibió fuera de la postura que a su elevado cargo correspondía y le hizo incurrir en confesiones de subordinación a la voluntad del Partido.

Cada vez que una queja salía de los labios de grupos de oposición o de ciudadanos independientes, eran burla descarada y nuevos atropellos los que provenían de fuentes oficiales. Las propias consignas del Partido se fueron al cesto cuando así lo exigía el apetito de mando. Ante el asesinato de un dirigente político de oposición por un alto funcionario, se dejó ver desde el primer momento una actitud oficial de encubrimiento y lenidad. La vida, la libertad, el honor de los ciudadanos, todo estaba en las manos antojadizas de la secta gobernante.

Desoídas todas las voces y empeñados tercamente en mantener esa actitud a Acción Democrática le corresponde ante la historia la máxima responsabilidad de lo ocurrido el 24 de noviembre. Las Fuerzas Armadas Nacionales asumieron por sí, sin intervención partidistas, la responsabilidad de quitar a Acción Democrática el poder que habían colocado en sus manos en octubre de 1945 y que ésta conservaba a través de mecanismos electorales controlados por el Poder mismo. La manera incruenta de la transformación y la negativa de la ciudadanía a atender los llamados de violencia, fue la prueba más definitiva de que la opinión pública había dejado de acompañar al Partido Acción Democrática, el cual especulaba una apariencia de popularidad forjada con los dineros del pueblo y los medios coactivos del poder que de los militares recibieron.

Cumplido el hecho militar de rescatar el mando de las manos sectarias y hegemónicas de Acción Democrática el proceso iniciado el 18 de octubre de 1945 sólo será llevado a feliz término cuando el poder vuelva en forma sincera a las manos del pueblo, para que a través de elecciones verdaderamente limpias las coloque en mandatarios capaces de respetar los derechos de la persona humana, mantener el orden y las instituciones y contenerse dentro de los límites de la juridicidad. Este compromiso lo ha contraído la junta Militar, empeñando su honor y el de la Institución Armada a través de las siguientes palabras: «No se ha asumido el poder para atentar contra los principios democráticos sino para obtener su efectiva aplicación y preparar una consulta electoral a la cual concurra toda la ciudadanía en igualdad de condiciones».

COPEI, cuyas consignas y cuya línea se han perfilado inconfundiblemente en tres años de oposición civilista al régimen de Acción Democrática, ha adoptado una posición consecuente. Hoy, cuando quizá sobren quienes quisieran arrogarse la gloria de haber participado en la preparación y desarrollo de la acción militar del 24, públicamente declaramos que ésta tuvo lugar sin intervención alguna de nuestro Partido, que se ha mantenido dentro de su propio cauce. Constituido el nuevo Gobierno Provisional, hemos creído nuestro deber aportar, sin ambición de cargos públicos, todo lo que sea necesario para contribuir a que el país retorne a la normalidad, para llevar a la pacificación de los espíritus, para impedir el desarrollo de situaciones conflictivas que retardarían el definitivo implantamiento de una organización institucional.

En el momento actual COPEI ha visto con satisfacción la declaración de la junta Militar al «dejar categórica constancia de que este movimiento no se orienta de ninguna manera hacia la restauración de una dictadura militar, ni abierta ni disimulada», así como el compromiso de mantener y perfeccionar las conquistas logradas por los trabajadores. El aporte que COPEI preste se orienta hacia el afianzamiento de esos dos propósitos, conformes con el ideario socialcristiano que sustenta. Desarrollada nuestra acción en un plano de decoro y dignidad, conservamos nuestro derecho a la crítica constructiva, en la esperanza de que haya pasado la hora de la demagogia y se inicie la etapa de la discusión serena y de altura.

Y especialmente dedicaremos nuestra actividad a mantener la fe nacional en las instituciones representativas. El pueblo de Venezuela ha dado nuevamente, en esta hora, un singular ejemplo de madurez y patriotismo. Ese ejemplo le hace acreedor a gozar de una vida política y social libre, ordenada y pacífica, progresista y sanamente revolucionaria. Hoy, más que nunca es el ideario socialcristiano el que mejor le identifica con las necesidades del pueblo. Hoy, más que nunca, son las consignas de COPEI, que aspira a la renovación de la vida nacional mediante en decidido impulso en beneficio de las clases trabajadoras, las que llegan al corazón de las masas venezolanas.

Firmemente dispuesto a seguir laborando por la solidaridad social, COPEI se prepara para participar en los próximos comicios con serenidad y decisión. Los errores cometidos durante tres años por el sectarismo del régimen derrocado, han de servir de ejemplo inolvidable en la conciencia de Venezuela. COPEI, que ha sido el más constante censor de esos errores, no incurrirá en la equivocación de repetirlos. Se abre una nueva oportunidad para que la patria conquiste su destino.

Hacemos un llamado a los venezolanos para lograrlo.

Caracas, 2 de diciembre de 1948

EL COMITE NACIONAL DE COPEI

*Documento oficial de COPEI ante el golpe de Estado contra el presidente Rómulo Gallegos, liderado por los coroneles Carlos Delgado Chalbaud, Marcos Pérez Jiménez y Luis Felipe Llovera Páez el 24 de noviembre de 1948.