En este segundo volumen de Habla el Presidente se recogen las versiones taquigráficas de cuarenta y seis diálogos
semanales del Primer Magistrado con el pueblo venezolano, correspondientes a su segundo año de gobierno. Abarca desde el 12 de marzo de 1970 hasta el 4 de marzo de 1971, período durante el cual, salvo justificadas excepciones, ha estado el Doctor Caldera todos los jueves en contacto con el país, al servicio de su propósito de mantenerse en comunicación con la colectividad venezolana. Las ruedas de prensa conservan en este tomo la numeración correlativa del primer volumen. La cifra XLV, con que comienza, es símbolo de sencilla continuidad de la voluntad de diálogo y convivencia con toda la ciudadanía, expresión de la «obligación y el deber» que se ha impuesto el Doctor Caldera en el cumplimiento del encargo recibido de presidir y orientar los destinos de la Nación.
En estas presentes páginas contentivas de las ruedas de prensa de 1970-1971, puede verificar el lector la ratificación
de los rasgos y estilo de gobernante que dejamos señalados en la primera presentación. Las circunstancias y el de venir de los acontecimientos imponen sin interrupción nuevos temas al Jefe de un Estado moderno, particularmente en las Repúblicas de nuestro Continente que viven una transformación galopante de las condiciones sociales, económicas y culturales.


El Doctor Caldera los considera y analiza en nuestro país con la firmeza que le proporciona el conocimiento profundo de Venezuela. Habíamos consignado que el modo como el Presidente condujo los problemas públicos en el año inicial de su administración, revelaba «la total ausencia de improvisación en el manejo de los asuntos de gobierno». Este libro confirma tal cualidad, reconocida ampliamente por todos, amigos y adversarios. Así como es igualmente reconocido el espíritu democrático de su personalidad, perfectamente demostrado a lo largo de las luchas políticas sostenidas desde su temprana juventud, y probado ahora desde la Presidencia de la
República.


El conjunto de los temas desarrollados durante dos años de ruedas de prensa semanales constituye cabal manifestación de su doctrina y ejecutoria de gobernante y forma la lección viva de un estadista que se entrega con tensa dedicación al progreso y bienestar de su pueblo.
A los diez y siete meses de conducir el Estado pudo decir con plena verdad que «la línea del gobierno que presido es una línea clara que desea mantener una combinación de firmeza y de cordialidad, de amplitud, de respeto, de tolerancia, pero, al mismo tiempo, de firmeza inquebrantable en el mantenimiento de los derechos y de las decisiones. Creo que el pueblo de Venezuela


habrá ido aclarando todos los días más y más este concepto acerca de su Gobierno. Es un Gobierno que se empeña en no insultar, en no fomentar antagonismos ni tensiones; un Gobierno que busca la paz, la amistad, y desea fomentar un clima donde todos podamos convivir, pero que al mismo tiempo, tiene conciencia de su responsabilidad, y por ello, sin grandes alardes y sin palabras estridentes, mantiene con serenidad inquebrantable las decisiones que le corresponde adoptar». (Rueda de prensa, Número LXI, de 16 de julio de 1970).


Ni la múltiple variedad de los temas que plantea una administración moderna, ni el acoso de los hechos que a cada instante asedian al Primer Magistrado de la Nación, perturban en lo más mínimo la idea central del pensamiento y la conducta del gobierno que comenzó a aplicar el Doctor Caldera desde su toma de posesión de la Presidencia de la República.
Es realmente satisfactorio el comprobar el reconocimiento del país ante la dedicación constante del Jefe del Estado al bien


general. La autoridad moral que el respeto a los principios de la democracia confiere a todo gobernante en el ejercicio del poder, es característica resaltante del régimen presidido por Rafael Caldera.
De entre la rica pluralidad de asuntos que aparecen en este volumen, pueden subrayarse algunos aspectos que contribuyen a definir más particularmente el ritmo y carácter de la Presidencia del Doctor Caldera durante su segundo año de gobierno: La actuación de Venezuela en pro de la más eficaz cooperación con las naciones; el empeño de lograr la paz interior para el desarrollo, que es objetivo del régimen desde su ascensión al poder en 1969; así como la definición del nacionalismo democrático, que el Doctor Caldera ba precisado como norma y guía indispensables, en la construcción de la Venezuela del futuro. Es notoria la proyección internacional de Venezuela a través de algunos acontecimientos de singular significación. Tal es el caso, por ejemplo, del viaje a los Estados Unidos que tuvo como corolario el acrecentamiento del prestigio de nuestra República en el Continente americano; o el de la actuación de la representación venezolana en los decisivos acuerdos de Teherán, y en el «Convenio Cultural Andrés Bello», que corren parejos con la asistencia y acción en actos y congresos celebrados más allá de nuestras fronteras con la activa participación
de nuestra Cancillería.


En estos días, el nombre de Venezuela es escuchado con respeto y consideración. En la OPEP, en Teherán, allá en aquel milenario continente, se ha pronunciado el nombre de Venezuela como ejemplo de un país que afirma, ciento por ciento, su soberanía. En la reunión de Cancilleres en la OEA, la voz de Venezuela resuena como una que no quiere dejarse arrastrar a posiciones extremas, por el estallido de la violencia interna, que proclama, en todo caso, los derechos fundamentales de los pueblos. Una voz que encuentra acogida en países hermanos, por la limpieza de su expresión y por lo sincero de su contenido. Venezuela está en Lima, en la reunión de Ministros de Educación, siendo también observada y respetada porque somos, dentro de nuestra condición de país pequeño y modesto, la expresión de una comunidad que tiene conciencia de lo que es, de lo que la vincula a un destino de gloria y de lo que esto representa ante las exigencias de los pueblos». (Rueda de prensa, N? LXXXVII, de 11 de febrero de 1971).


El exacto conocimiento de la realidad de la vida de la Nación y el claro análisis de sus perspectivas de desenvolvimiento, permitieron formular al Primer Magistrado su convicción de franco optimismo nacionalista respecto al porvenir de nuestro país. Así lo ha reiterado en varias ruedas de prensa. En una de ellas dijo: «No se trata de un optimismo irreflexivo, alegre o irresponsable. Los hechos son los que constituyen la base firme para esa posición optimista. Yo quisiera que todos los venezolanos, concretamente los que discrepan de mi Gobierno por una razón o por la otra, pensaran que ese optimismo señala un camino de ascenso para Venezuela, y no se refugiaran en una posición un tanto mezquina o triste, que no corresponde al modo de ser venezolano. Aquí no se trata de un Gobierno de intereses sectoriales, se trata de una proyección nacional». (Rueda de prensa, N$ LXXXII, de 7 de enero de 1971).


Impulsado por la fe en su pueblo y persuadido del carácter excepcional del momento histórico que vive Venezuela en nuestros tiempos, invita Rafael Caldera, como Presidente, a la colaboración para que se sume el trabajo y el esfuerzo patrióticos de todas sus gentes y se alcancen las altas metas que nos tiene señaladas la Providencia.
Acaso la síntesis de todo cuanto cabe decir en este ofrecimiento, esté contenida en la rueda de prensa en que dio cuenta de su viaje a Estados Unidos: «La voz cordial, generosa y amplia de los venezolanos en relación a la gestión que, en nombre de la Patria, hice en mi reciente viaje, y a la presencia de Venezuela que me correspondió interpretar en el Norte de nuestro Hemisferio y ante la Organización de los Estados Americanos, es algo que me llena a la vez de profunda gratitud y emoción, y de una inmensa esperanza. Creo hemos demostrado que los venezolanos, por encima de todas nuestras diferencias y de todas las circunstancias que nos orientan en corrientes a veces divergentes, tenemos, en una inmensa y aplastante mayoría, un amor profundo por lo que representan los intereses nacionales. Cuando está en juego Venezuela y cuando Venezuela se afirma como ella es, defendiendo los grandes valores que le dieron su ser, presentándose en sentido fraternal y amplio en relación a sus hermanos de América Latina y siendo una voz clara, firme, sin arrogancias destempladas, con cordialidad, pero con conciencia clara de los problemas y de los planteamientos, sentimos que el gentilicio venezolano nos unifica y nos hace
sabernos capaces de realizar grandes empresas». (Rueda de prensa, N9 LVI, de 11 de junio de 1970).
Palabra y ejemplo de Magistrado.


Luis Alberto Machado
Caracas, Abril de 1971
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